Parece invencible y casi lo es, pero parte de su grandeza es que sabe reconocer hasta cierta fragilidad. Roger Federer ha rozado la derrota ante David Nalbandian, en su debut en el Masters de Shanghai. Perdía 3-1 en el set final y logro imponerse por 6-3, 2-6 y 6-4. El número 1 del mundo analiza las cosas con humildad:
«Estaba mentalmente preparado para una derrota en dos sets».
Federer explica las razones de su satisfacción:
«Un par de semanas atrás andaba en muletas, y ahora me estoy enfrentando a los mejores del mundo. No estoy para nada incómodo, fue grandioso».
El suizo sufrió a mediados de octubre una lesión en el tobillo mientras entrenaba, y no jugaba oficialmente desde que el 2 de octubre derrotara al británico Andrew Murray en la final de Bangkok.
Los periodistas chinos, espantados ante la idea de que Federer se sume a las deserciones de grandes jugadores como Andy Roddick, Marat Safin y Lleyton Hewitt, fueron directos al grano:
«Hay un rumor de que renunciará a este torneo tras el primer partido. No lo va a hacer, ¿no?». Federer sonrió y, mirando a los ojos a su interrogador, acabó con los rumores: «No voy a renunciar. Se lo puedo asegurar. Se lo puedo asegurar a toda China».
El suizo dijo haber sentido la falta de partidos más en lo mental que en lo físico, y elogió a Nalbandian:
«¿Si estaba en la cancha disconforme con mi juego? No, no podía permitírmelo si quería vencer a Nalbandian».
«Realmente esperaba que me diera una oportunidad (tras el 3-1 en el set final), y lo hizo, y yo la aproveché. Eso fue un gran alivio, porque estaba comenzando a desilusionarme tras haber jugado un gran primer set (…). Creo que él jugó definitivamente mejor en el segundo. Casi no fallaba y comenzó a devolver muy bien».