Un nuevo Dorado llamado Canal de Panamá

Un nuevo Dorado llamado Canal de Panamá

(PD).- La ampliación del Canal de Panamá constituye ya una de las grandes obras de ingeniería del siglo XXI. Tanto es así, que las propias interesadas, las constructoras, coinciden con la opinión de expertos y economistas al considerar que habrá un antes y un después para el sector.

Escribe María Jesús Pérez en ABC que, tal y como ocurrió hace cien años con la construcción del propio Canal de Panamá, que entonces supuso toda una revolución para el transporte marítimo al unir, por primera vez, los océanos Atlántico y Pacífico.

Sin embargo, el Canal ya no responde a las necesidades de sus principales usuarios, los grandes navíos de hoy, que deben limitar su tamaño, particularmente su anchura, para poder atravesarlo, o renunciar a utilizarlo.

El macroproyecto, estimado en su conjunto -inversión inmobiliaria e infraestructuras- en unos 7.000 millones de euros -cerca de 4.000 millones presupuestados sólo para el diseño y construcción de las nuevas esclusas- aumentará en un 40% la capacidad de tránsito de mercancías de las actuales vías marítimas que unen ambos océanos. De momento, las obras de excavación, dragado y limpieza dieron comienzo el pasado mes de septiembre.

Toda una perita en dulce a la que no han querido renunciar ninguna de las grandes constructoras del mundo. Entre las que están, por supuesto, las españolas.

Cuatro preclasificados
De los consorcios que se inscribieron a mediados de noviembre, cuatro cumplieron las exigencias mínimas de precalificación para participar en la última fase de la licitación. El 14 de diciembre, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) anunció los nombres de las 30 empresas que integran los consorcios.

El considerado con más posibilidades para llevarse el gato al agua es CANAL, liderado por ACS, que está compuesto además por las también españolas Acciona y FCC, la mexicana ICA y la alemana Hochtief (de la que ACS tiene un 30%).

El encabezado por Sacyr Vallehermoso -líder del Grupo Unidos por el Canal- lo integran, entre otras, la italiana Impregilo y la belga Jan de Nuil, más las estadounidenses Montgomery Watson Harza y Tetra Tech -que se encargarían del diseño-, y el grupo holandés Heerema, fabricante de compuertas.

Junto a ellos, un tercer grupo encabezado por Bouygues, al que acompañan la también francesa Vinci, la alemana Bilfinger y cuatro empresas de Brasil, entre ellas Bardella Industrias Mecánica más la francesa Alstom Hydro Energia Brasil.

El cuarto grupo precalificado, bajo la batuta de la estadounidense Bechtel International -que sería el diseñador del proyecto- está formado por las japonesas Mitsubishi y Taisei Corporation. El fabricante de compuertas es la Wuchang Shipyard, de China.

«De no resolverse algunos flecos fiscales entre España y Panamá, este consorcio sería claramente el ganador de los distintos concursos públicos en los que se contratarán las obras», asegura un experto financiero, que añade que «no en vano, el Canal es el rey de la ruta que conecta Asia con la costa este de EEUU».

A las puertas de la precalificación, por cierto, se quedaron otras firmas españolas: Ferrovial, OHL e Isolux.

España, segundo país inversor
Y es que no es de extrañar que todos quieran estar presentes en una tierra en la que la inversión extranjera ha crecido, en los últimos doce meses, un 149%.

Finalmente, han quedado los mayores grupos constructores del mundo, procedentes de 13 países diferentes. España, segundo país inversor en Panamá, con 12.000 millones de euros de inversión neta en 2006, acude con sus constructoras más potentes.

«Las empresas españolas parten con muchos puntos de ventaja -asegura un técnico experto en proyectos de construcción de gran envergadura- ya que tienen una capacitación tecnológica por encima de los otros grupos, y además demostrada».

Panamá, aún en la «black list»
Ahora bien, aún queda por resolver un único fleco de cara a que los consorcios liderados por las constructoras españolas estén entre las ganadoras definitivas.

El problema que aún queda pendiente es el hecho de que Panamá sigue estando en la «black list» («lista negra») de los paraísos fiscales del Gobierno español.

De no resolverse, Martín Torrijos, el presidente panameño, podría hacer uso de la «ley de retorsión» y sacar del concurso a las españolas. No obstante, las mismas fuentes confirman que el Gobierno español se comprometió con el presidente de Panamá a acabar con el inconveniente de la doble tributación y las dificultades derivadas de la naturaleza de un paraíso fiscal como el panameño.

En concreto, el 16 de julio de 2007, José Luis Rodríguez Zapatero se reunía en Panamá con Torrijos, con el objetivo de resolver este conflicto.

«Ambos presidentes firmaron un acuerdo por el cual se establecía una resolución al problema, pero para llevarlo a cabo tendría que haber un desarrollo fiscal del acuerdo por parte del Ministerio de Hacienda español, con el que sacar al país centroamericano de la «black list».

Pero esto aún no se ha hecho», afirma una fuente próxima al proceso.
Otros países, como México tenían igualmente catalogado a Panamá aún como paraíso fiscal, pero de cara a conseguir su trozo de pastel correspondiente en este gran proyecto sacaron al país de esa categoría negativa para estar en condiciones homologables de competir, sobre todo, con los americanos, que, al margen de los españoles, son los grandes favoritos.

El tiempo, de momento, no corre precisamente a favor de las empresas españolas, aunque recientemente, el Gobierno panameño anunciaba que los cuatro consorcios tendrán más de un mes de prórroga para presentar sus ofertas definitivas, la técnica y la económica.

En consecuencia, la fecha límite para la presentación de los sobres con las propuestas se extendió hasta el 8 de octubre de este año. La fecha anterior era el 22 de agosto de 2008.

Los expertos coinciden en que es una operación de gran relevancia económica y política. El ganador se dará a conocer antes de mayo de 2009 -elecciones generales en Panamá-, un gran momento para recibir de nuevo el apoyo del pueblo panameño, comprometido con este proyecto, desde sus inicios, vía referéndum, el 22 de octubre de 2006.

El Canal de Panamá, de 80 kilómetros, fue construido por Estados Unidos entre 1904 y 1914, y gestionado por el país norteamericano hasta su concesión a la Autoridad del Canal de Panamá.

Permite el paso a unos 14.000 barcos al año, lo que representa el 5% del comercio mundial. La ampliación permitirá a los barcos transportar 12.000 contenedores en lugar de los 5.000 actuales. Además, recibe el 23% de las mercancías procedentes de China.

«¿Quién podría resistirse a los encantos de una tarta de 5.600 millones de dólares sólo en infraestructuras para la ampliación, en un país en plena ebullición?», afirma una fuente conocedora de todo el proceso, «además, el que llegue, se queda, porque el presidente Torrijos le pondrá en bandeja de plata el acceso a posteriores concursos públicos», concluye.

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