Una libélula pionera

¿Quién realizó el primer prototipo de helicóptero? ¿Fue Ricardo de la Cierva, Isaac Peral o Torres Quevedo? Pues ninguno de ellos, sin quitarles méritos y por mucho que de entrada ustedes lo duden. Hubo un artefacto volador anterior a estos dos, ideado por un gran inventor que ahora ha salido a la luz gracias a una obra de sumo interés y preciosamente editada. Resulta que antes que los inventos más conocidos por todos, ya se sabe que unos cardan la lana y otros llevan la fama, hubo uno anterior, de un autor de 23 patentes sobre alas giratorias, perfiles de alas y chorros propulsores del que ahora se edita un libro sobre su obra. Es el ingeniero Federico Cantero Villamil, pionero en la explotación hidroeléctrica del Duero e inventor de los primeros prototipos de helicóptero en España, y que además, como buen zamorano, era muy aficionado a los garbanzos, que degustaba a diario. Son muchas las curiosidades sobre la vida de este prolífico creador, que estuvo casado con la nieta de la escritora Concepción Arenal con la que tuvo siete hijos, entre ellos mi tía Conchita, que conserva el nombre de larga tradición familiar.

Hace unos días se presentó en Madrid, en la sede del Instituto de la Ingeniería de España, el libro «Federico Cantero Villamil, Crónica de una voluntad. El hombre. El inventor«, de Federico Suárez Caballero. La obra recoge las patentes y los hallazgos científicos en hidroeléctrica y aeronáutica que el ingeniero Federico Cantero Villamil desarrolló principalmente en Zamora, Salamanca, Segovia y Cuatro Vientos (Madrid).

En el acto participaron el presidente del Instituto de la Ingeniería de España, Luis Jiménez-Cassina Basagoiti, el presidente de la Asociación de Ingenieros Aeronáuticos de España, Antonio Martín Carrillo, el catedrático de Helicópteros de la Escuela Superior de Ingenieros Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid, José Luis López Ruiz, y Federico Suárez Caballero. También estuvieron presentes, Concepción Cantero García–Arenal, hija del ingeniero, quien agradeció en nombre de la familia la reivindicación de la hasta ahora desconocida figura de su padre, e Isabel Díaz de Aguilar Cantero, nieta del ingeniero, responsable de la investigación, y que además es querida prima mía.

Pero no es por nepotismo, claro, por lo que Federico Suárez Caballero solicitó al término del acto que De la Cierva, Torres Quevedo y Federico Cantero Villamil, ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, sean investidos doctores honoris causa, a título póstumo, como ingenieros aeronáuticos.

La obra presentada (al final tiene los puntos de venta) contempla aspectos biográficos, logros facultativos e inventos de un jovencísimo ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, nacido en 1874, que con sólo 22 años concluye su primer proyecto con el que sin duda ha pasado a la historia de la ingeniería hidráulica española. En 1896 inicia la exploración del río Duero al intuir su valor, extraordinario, como fuente de energía hidroeléctrica, energía decisiva, por barata y abundante, para la pretendida industrialización de la entonces llamada Castilla la Vieja.

Fruto de sus primeros hallazgos es la central hidroeléctrica de San Román construida ocho kilómetros aguas abajo de Zamora, en la llamada curva prodigiosa del Duero; una obra técnicamente revolucionaria en su época, comenzada a construir en 1898 y presentada a estas alturas del siglo XXI, como paradigma en las aulas universitarias de la especialidad. Con sus 6.000 caballos de potencia suministraba energía a Zamora, Salamanca, Valladolid y a varios centenares de pueblos de las tres provincias.

El joven ingeniero llega con sus prospecciones al tramo internacional del Duero, obtiene concesiones, proyecta presas de gran altura, como la de Fermoselle, entre otras, y diseña, minuciosamente, la que ha pasado a la historiografía de las grandes obras hidráulicas como “solución española del Duero” o “Solución Ugarte” único proyecto capaz de involucrar a los gobiernos portugueses en la construcción conjunta de grandes presas hidroeléctricas en el tramo internacional.

Hacia finales de 1929 construye en la “cortada” más impresionante del río Duratón, otra obra audaz en su tiempo, la presa de Burgomillodo con dos novedades técnicas: contrafuertes yuxtapuestos y un aliviadero tipo “labio” pero encerrado este en una cámara de hormigón armado para constituir una cámara o sifón que podía “cebarse” a voluntad. Con esta solución, la longitud del “labio” o vertedero se reducía más o menos a la cuarta parte. Solución muy importante cuando la “cerrada” donde se ubica la presa es muy estrecha y escarpada. El hecho de presentar un proyecto con un aliviadero “desconocido” le origina problemas que pudieron ser insalvables porque el Ministerio de Obras Públicas no se arriesgaba a autorizar el proyecto hasta que su autor no se comprometiese a pagar una indemnización y construir un aliviadero si no evacuaba los caudales declarados en los cálculos del proyecto.

Inventor. Una de las facetas más llamativas de Cantero Villamil es la de inventor. A través de experimentos iniciados en Zamora, hacia 1908, cuidadosamente realizados, se lanza a la conquista de nuevas cumbres en la aeronáutica. Por estos años, Juan de la Cierva, también Ingeniero de Caminos, comienza sus investigaciones en el ámbito de la aeronáutica con idénticos propósitos a los de Cantero Villamil, diseñar alas giratorias.

El catedrático José Luis López Ruiz, destacó que “siendo muy brillante en su profesión su ingenio creador le llevó a interesarse por la aeronáutica una nueva tecnología entonces y además por una de las especialidades que más dificultades ofrecía, las aeronaves de alas giratorias, registrando 23 patentes de alas giratorias, perfiles de alas y chorros propulsores, adelantándose en muchos años a tecnologías que hoy están en pleno uso”.

“Una de las más importantes –prosiguió- fue el helicóptero Libélula Española que, según mis conocimientos fue el primer helicóptero monorrotor capaz de volar, aunque la Guerra Civil hizo que la patente preparada para 1936 se postergara a 1940 cuando Sikorsky creó el VS 300 que marcó el principio de la era de los helicópteros que hoy conocemos”.

En 1910 solicita la patente de invención de un procedimiento e idea para obtener la sustentación de un cuerpo o aparatos en el aire, y a la vez la propulsión si se quiere, ambas cosas al tiempo o separadamente, por medio de ruedas especiales de una o más paletas, movibles, inclinándose gradualmente. La aplicación principal de estas ruedas sustentadoras es sustituir a las grandes y frágiles superficies alares de sustentación de los aeroplanos, y hasta las hélices propulsoras, y permitir el arranque desde el suelo, sin necesidad de velocidad previa de traslación.

Cantero Villamil construye a sus expensas dos prototipos de helicópteros; el primero dotado con dos rotores coaxiales contrarrotatorios y otro, posterior, en el que ha suprimido uno de los rotores coaxiales dotándolo de rotor de cola. Las pruebas se realizaron en el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid. Cantero Villamil sueña con una libélula gigante – la Libélula Española– capaz de moverse en el aire con libertad absoluta. Hoy cuando contemplamos las evoluciones y maniobras portentosas de los helicópteros, recordemos que un hombre genial, nacido en el XIX, ha contribuido con su inteligencia y esfuerzos a la creación de estas máquinas admirables.

Contactos:

Isabel Díaz de Aguilar Cantero,
Nieta de Federico Cantero Villamil y responsable de la investigación para esta obra.
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Móvil: 620 68 81 99
E-mail: isabeldac@telefonica.net

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Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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