¿Qué tal un poco de sake con zumo de chirimoya en una terraza de Amsterdam? Es uno de mis pronósticos para el futuro… Así se iniciaba mi post del 31 de diciembre de 2015, a las 4 meses de iniciar este blog, en el que decía que «con el cierre del año 2005 y en el albor del 2006, al que yo llegaré desde Tánger, igual que mi familia y amigos en Canarias una hora màs tarde, quería compartir con ustedes y preguntarles què les parece, mi aventurado pronóstico sobre la tendencias futuras en cuanto a bebidas y cócteles» Y ahí iban, en su día, anunciando para el final, la receta de un cóctel a propulsión, aquellos pronósticos que hoy reproduzco, y les pregunto ahora: ¿qué opina sobre mis profecías, se han cumplido o se han quedado atrás con la avalancha del futuro año tras año? The answer, my friend, is blowing in the wind…
“El escritor es un hombre común”, dijo Gao Xingjian el día 7 de diciembre de 2000 en Estocolmo, al recoger el último Premio Nobel de Literatura del milenio. “Su voz es inevitablemente débil, y ello hace precisamente que sea más auténtica”. Emulando las palabras del Nobel, podríamos decir que débil y auténtica era también, por ejemplo, la voz de Arthur Clarke al escribir 2001, Una Odisea del Espacio, pero el 29 de marzo de 1968 ganó en intensidad, sin perder su autenticidad, al ser estrenada como película, dirigida por Kubrick, tras cuatro años de intenso trabajo. 
Los cócteles que aquí, en este blog, vengo reseñando, subrayan también su intensidad al asociarlos con sucesivas películas, por lo que hoy, que quiero hablarles de las tendencias del futuro en la coctelería, no podemos dejar de citar a esta cinta que ha marcado nuestra prospección del futuro y también, al menos en parte, nuestra percepción del pasado.
Difícil es desde el estreno de 2001 imaginar las notas del Danubio Azul o de Así hablaba Zaratustra sin asociarlas con las imágenes del futuro que la película, haciendo un aventurado pronóstico, nos muestra. Pasado y futuro misteriosamente encadenados, mezclados, formando ya parte de nuestros recuerdos.
Y es precisamente la capacidad de mezclar, de seleccionar ingredientes y establecer proporciones lo que constituye este arte de la combinatoria que, cual antiguos alquimistas, siguen practicando los barmen de todo el planeta, incluyendo los del Hotel Minzah de Tànger, donde han caido algun que otro Dry Martini y Negronis durante estos dias.
Están ahora acaso detrás de sus barras y conectados a Internet, experimentando las nuevas combinaciones que recibirán a este milenio,cuyo primer lustro concluimos, esperando al próximo que vendrá lleno sin duda de incertidumbres y de sorpresas, pero también de alegrías y esperanzas de una vida mejor para todos, vida a la que modestamente contribuirán los nuevos vinos y las nuevas mezclas que en los próximos lustros, mezclando sabiamente pasado y futuro, como en la película de Kubrick, y dando intensidad a nuestra voz débil y auténtica, seguiremos consumiendo.
EL FUTURO DE LOS BARES Y LOS CÓCTELES
• Proliferarán los cócteles mestizos, acorde con la tendencia a la cocina de fusión y mestizaje, en los que se mezclarán ingredientes de muy diversas procedencias: ¿qué tal, como apuntaba al principio, un poco de sake con zumo de chirimoya en una terraza de Amsterdam?
• Las bebidas a mezclar incrementarán su tendencia al exotismo, con una importante presencia de los zumos naturales.
• Para bien o para mal proliferarán embotellados los cócteles más populares. Como anticipo, durante estas fiestas se pueden ver en las grandes superficies botellas de Bellini, el famoso cóctel veneciano.
• La proliferación de aguas variadas y sin burbujas seguirá in crescendo, volviendo a resurgir la tendencia iniciada en los 80 de la apertura de bares solo con oferta de aguas, o con una carta de aguas diferenciada y protagonista.
• El fin de los refrescos gaseosos es la crónica de una muerte anunciada: las grandes compañías se preparan para un nuevo mercado, de la que la pasada guerra por Gatorade es un claro ejemplo.
• Además de los cócteles clásicos, se popularizarán muchas mezclas largas con bebidas inteligentes, que hasta ahora solamente se consumían como alternativa al alcohol.
• El uso de bebidas funcionales (enriquecidas con vitaminas y oligoelementos, por ejemplo) se extenderá a la coctelería, usándose productos como la leche con ácidos omega 3.
• Barras especializadas y nuevas coctelerías que incluirán en sus combinados nuevos aditivos (estimulantes naturales, como el ginseng o el guaraná).
• Más mujeres detrás de las barras, haciendo cócteles: ¿habrá que dejar de decir barman y utilizar un más políticamente correcto bartender?
• Nuevos productos, como el agua oxigenada que ofrece Oxygizer, agua natural de los Alpes de Tirol enriquecida con oxígeno: es un agua no carbonatada, cuyo uso diario y continuado parece mejorar el rendimiento físico y acelerar la recuperación tras el esfuerzo.
• Bares especializados en la inhalación de oxígeno en bombona, de los que ya hay algunos disponibles por esos mundos de Dios. O de Alà.
• Las bebidas a base de soja tendrán tendencia a ampliar su oferta y posiblemente incrementen su presencia en los nuevos combinados.
• ¿Más shaken y menos stirred? Tras la promoción de James Bond a este sistema de hacer el Martini, se ha podido ver la tendencia a hacer en coctelera combinados propios de vaso mezclador en películas recientes.
• Aunque minoritaria, la coctelería de exhibición (flair) acabará por abrirse un hueco, dando ocasión de conocer el mundo de la coctelería a públicos más amplios.
• ¿Sabrán los bares de hoteles, en muchos casos únicos reductos de la coctelería en ciertas zonas y países, adaptarse a las tendencias del futuro?
• ¿Dejarán las vitrinas de muchos bares de nuestro país de exhibir sus mejores botellas dentro de las cajas en las que las vende el fabricante?
• ¿Cobrarán los bares también por tiempo de estancia, y no por consumición, como ha empezado a hacer algún restaurante europeo?
ROCKET MAN: UN CÓCTEL PARA LLEGAR AL 2006 EN COHETE.
En vaso mezclador, con hielo troceado, revolver un medio de vodka, un cuarto de licor Galliano y un cuarto de lima. Poner, sin llenar hasta el borde, en una copa de cóctel. Con una cucharita invertida, depositar con cuidado sobre la superficie un chorro de ron añejo (oscuro). Con ayuda de unas pinzas o un pincho, impregnar de este mismo ron un terrón de azúcar y prenderle fuego, con cuidado de no quemarse. Acercar con el pincho el terrón en llamas a la superficie del cóctel, en donde se producirá un pequeño fogonazo. Una vez que el cohete ha despegado, soltar el terrón dentro de la copa, revolver ligeramente y consumir.

