Oído en un céntrico café de Almonastir de la Real, en la sierra de Huelva:
-Vaya usted con Dios.
(Sólo hubiera faltado que añadiera «Vuesa Merced»).
No recuerdo que nunca me lo hubieran dicho. A lo sumo había oído la expresión o de semejantes en misas y obras de teatro.
Vaya con Dios. Toda una joya del idioma. Un buen deseo, sucinto y espiritual.
El idioma tiene estas cosas. E irremisiblemente se pierden. Es una pérdida trascendental. Y no somos conscientes.
Cuando encuentras a alguien que habla la lengua con propiedad, una agradable vibración se enseñorea del aire. Cada cosa está en su sitio. Todo es agradable. El mundo está bien hecho.
Las cosas del idioma. ¿Cómo convencernos de que al igual que nosotros lo creamos y recreamos, lo mutilamos y herimos de muerte?
Alguna cosa deberé pensar al respecto desde el campo de la comunicación corporativa. Porque el idioma lo somos todos. Pero muy especialmente aquellos que tenemos la fuerza de prescribir con nuestro trabajo. Y estamos obligado al buen hacer.
Id con Dios. (O con quien queráis).