Estoy leyendo la jugosa autobiografía del piloto Valentino Rossi. El ganador de 7 títulos mundiales (laureado en todas las categorías) habla de la especial relación entre piloto y máquina.
Rossi describe cómo la acompaña unos minutos en solitud por la noche antes del día de la competición. Cómo intenta sentirla, hacerla suya, confiando en que los mecánicos acoplen hasta el último detalle.
Habla, en resumen, de la sensibilidad del piloto.
En un sector tan febril, vertiginoso y mercantil como las carreras de motos me sorprenden gratamente las confesiones de este campeón, que humaniza sus proezas. Las hace comprensibles. Revela un hondo sentir previo al triunfo.
¿Es más importante la máquina o el piloto?
Rossi defiende que el piloto es la clave. Su sorprendente decisión de fichar por la escudería Yahama cuando la firma Honda le había entronizado revela un espíritu rebelde, una orientación plena al reto y la reivindicación de la supremacía del hombre sobre la máquina.
A este Rossi habrá que seguirle la pista.