Nada menos que 555.000 catalanes están oficialmente en situación de paro a fecha de hoy. Lo señala la estadística descarnada. Y el panorama no es alentador para 2010.
¿Amenaza esta cifra la paz social?
Entiendo que hay un factor quie juega hasta el momento a nuestro favor: la memoria de crisis recientes y el saber que había luz tras el túnel.
Sin embargo, el momento más delicado está justo por llegar: ahora, cuando son muchos los que empiezan a agotar sus reservas de dinero, apoyo social y paciencia. Crece entonces un sentimiento de irritación que puede extenderse como una mancha de aceite. Como una espiral de odio.
Me pregunto hastá qué punto no ha tenido efectos balsámicos en Cataluña la impecable trayectoria del FC Barcelona. Es un consuelo de masas saber que algo va bien cuando ves que la economía se atasca y que la propia clase política pasa al tercer lugar de las principales preocupaciones de los ciudadanos, según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
¿A dónde nos llevará todo esto?
De momento debiera conducirnos a una actitud más intransigente con las disfunciones en la cosa pública, los abusos de las instituciones de crédito y los desmanes generales en el nepotismo a la hora de facilitar los puestos de trabajo. Ese desprecio al talento tan enraizado en nuestras lares, ese feudalismo frustrante y atávico.
Sanear y regenerar. El enfermo lo está pidiendo a gritos.
¿Quién no lo oye?