Cuántas veces he oído de personas mayores que van, caen y se rompen el fémur. Terrible maldición ésta a pesar de los considerables avances de la traumatología. Mi padre (que pertenece al grupo llamado de «las personas mayores») está hospitalizado y uno se da cuenta entonces de la fragilidad creciente de los humanos y de lo inmisericorde del paso del tiempo.