Ambas comienzan por b y ambas son ciudades agradables. Boston representa la versión más europea de Estados Unidos, la huella perenne de los pioneros, el sello anglosajón dejado en aquellos parajes fríos pero exhuberantes.
Barcelona, por contra, tiene la calidez mediterránea, la herencia de muchas culturas y una sensualidad primitiva y seductora.
Son mis dos ciudades de referencia, a ocho horas y pico de avión, separadas por el Atlántico pero unidas por un clima humano grato y unos atractivos culturales elevados.