Dejo el calor de Boston y me sumerjo en el de Barcelona, más suave debo decir. Atrás queda Massachusetts. De nuevo me entrego a la docencia: a recuperar los PowerPoints y sacar punta nueva a viejas explicaciones.
Se intuye el verano. El alumnado lo nota, lo palpa. Le afecta. Es lo que tiene el mes de junio. Llega la hora de la verdad, los exámenes postreros pero el cuerpo te pide liberación, playa y diversión.
Es en estos momentos delicados cuando como estudiante te la juegas.