Fin de semana éste con el que concluye julio y principia agosto de 2010. Comienza la gran operación salida del verano. La gran diáspora. Y yo que me voy a quedar en Barcelona pienso disfrutar de lo lindo de esta bella urbe en su impresionante primera quincena agosteña. Una calma particular lo invade todo, se aparca en cualquier lado y el centro ofrece bullicio para quienes tanta calma les deprima.
La mayoría de mis agostos los he pasado fuera de Barcelona. Este va a ser en buena parte una excepción. Disfruto mucho paseando por la ciudad y admirando su variada arquitectura. A eso uno la caza del pequeño detalle. Barcelona los tiene por doquier. Hay que estar atento.
Este mediodía, en la Rambla, el gentío lo llenaba todo. He ingerido mi preceptiva ración de fruta natural comprada en el Mercat de la Boquería. He asistido también (espectáculos gratis que ofrece la calle) a la detención de un joven carterista a manos de la guardia urbana. Unos minutos más tarde un turista japonés perseguía al muchacho que le acababa de robar la maleta en la calle Canuda. Así estamos.
Hace calor pero es gozoso tras la gran tormenta de anoche, una de las más intensas de los últimos tiempos.
Barcelonear es un gran verbo y a ello me apresto en las próximas semanas. Esta ciudad hay que disfrutarla mediterráneamente.