Me despierto con la noticia de la muerte de José Antonio Labordeta y, entristecido, me retrotraigo a sus cánticos de los años setenta y muy especialmente su himno popular sobre Aragón.
Recio y torrencial, Labordeta tenía el valor de la autenticidad y del compromiso. Como cantante, era austero y tocaba la fibra. Su guitarra sonaba nítida junto a su chorro portentoso de voz.
Sus tosquedades en público iban hermanadas con su estilo beligerante, a sentirse salido del pueblo y arropado por los más.
Emocionante himno su «Canto a la libertad»: Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad…