He cambiado mi manera de practicar la natación en los últimos meses. Lo mío ya es un especie de taichí acuático.
He pasado de nadar 600 metros a sólo 400, pero eso sí: muy lento. Un especie de slow swimming, siempre cuidando la posición y disfrutando con el movimiento. Una manera casi tántrica de nadar, envuelvo por el agua, mimado por ella. Acariciado.
Me canso menos que nunca. Además, arqueo los brazos con un ángulo distinto, lo que redunda en beneficio de mis caderas y alcanzo mayor impulso hidrodinámico. (Lo aprendí del visionado de una conferencia en www.ted.com)
Con el footing hice hace unos años lo mismo: empecé a correr superlento y entonces empecé a disfrutar y a ganar en resistencia. Sin agobios.
Debiera volver también al footing, pero me crea tensiones en la columna y en las plantas de los pies, la zona más sensible de mi cuerpo.