Vuelve el inefable olor de la tierra húmeda con el retorno de las lluvias. El agua moja el Ensanche barcelonés y hace resucitar ese aroma húmedo de tierra, casi olvidado tras tantas semanas de sequía.
(Cantábamos en el patio de la escuela: Que-llueva, que-llueva, la-Virgen-de-la-Cueva; los-pajaritos-cantan;las-nubes-se-levantan;que-sí;que-no;que-caiga-un-chaparrón…)