Me tomo un café con leche en la cafetería del Ateneo barcelonés: 1 euro 40 céntimos. Algo más de 230 de las antiguas pesetas.
Me recuerda aquellos escandalosos precios que se prodigaban en Francia en los años ochenta o en la avanzada Suiza. No dábamos crédito a nuestros oídos. Qué países más caros-pensábamos. Y ahora son justamente nuestros precios, enmascarados en el formato euro…