Me he pelado al 0,5. Rozo la calvicie. Y es una sensación nueva y grata. Sin precedentes en mí.
El recuerdo de los días calurosos de agosto me ha llevado a ello, no sin vacilaciones. Pero consumada la esquila, considero que ha valido la pena. Me meso el cráneo y percibo sensación de terciopelo. Me miro al espejo y -según el momento- veo a un Buda o a un presidiario.
Es una nueva experiencia.