La vida te depara pequeños privilegios. Ayer disfruté uno de ellos: asistir al reencuentro entre Carlos Blanco Pérez (el sabio chico de «Crónicas Marcianas») y su headhunter mediático, el comunicador Xavier Sardà. Tras una década sin hablar cara a cara, así lo hicieron en el plató preparado al efecto por los alumnos del Máster de Comunicación que dirijo en EAE Business School en Barcelona.
Tras recuperarse de la «inefabilidad» (sic, palabra usada por Carlos) del momento, éste manifestó que lo que Sardà consiguió en aquel mítico espacio es darle autoconfianza.
No es un comentario cualquiera. Proviene de una persona de altísimas capacidades que tenía a la sazón poco más de 10 años. Un preadolescente llamado a grandes metas intelectuales y que Sardà tuvo el acierto de identificar y catapultar.
Releo de vez en cuando los ensayos de Carlos Blanco y me emociono ante la enjundia de sus pasajes y el vibrante estilo que impregna su discurso. Me hace sentir muy pequeñito y eso es un ejercicio sano de relativización y recordatorio oportuno de que siempre es más lo que ignoramos que no lo que sabemos.
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