Vinieron los chubascos, descargaron y refrescó en Barcelona. Qué gustazo. La bolsa de calor se perforó y ahora pasear por la ciudad vuelve a ser un placer.
(Lleno a rebosar el centro, repleto de manteros. La jauría turística hace la ciudad suya. Y en el camino, hay algo muy nuestro que se degrada. ¿Me estaré volviendo turismófobo?