Proliferan los ateneístas descalzos en la biblioteca del Ateneo barcelonés. Estoy en un tris de convertirme en uno de ellos. Pero me resisto. Un exceso de relajo puede dar al traste con la institución. De ir descalzo a dormitar sobre la mesa media muy poco.
(Seguiré, pues, trabajando con los pies bien enfundados).