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Sexo: ¿A que no adivinas cuánto dura el polvo perfecto?

Sexo: ¿A que no adivinas cuánto dura el polvo perfecto?
Sexo en calcetines y a lo loco XY

La tesis que se ha impuesto en el calenturiento imaginario colectivo es que lo ideal es un coito largo que nunca termina y siempre es satisfactorio (Pensó que tenía sexo con su novio, hasta que le vio el rostro y se enteró que había sido violada).

La triste realidad es que algo tan aburrido, no es casi nunca verdad (Asesinos del Sexo: los 8 motivos por qué los jóvenes han dejado de follar).

Sobre el tema hay mucha discusión y para despejar las dudas ha irrumpido en escena un psicólogo de la Universidad de Queensland (Australia), quien puso en marcha un experimento con 500 parejas heterosexuales de todo el mundo para determinar cuánto duraba el sexo más satisfactorio (Sexo: Estas son las series cachondas de televisión que te ayudan a hacértelo mejor).

El cachondo Brendan Zietsch publicó los resultados en la revista US National Library of Medicine National Institutes of Health.

Y a partir de esos datos, buena parte de la Humanid y sobre todo de la humanidad masculina, parece respirar con alivio (¿Quieres tener mejor sexo? Esto es lo que debes hacer).

A los participantes (500 parejas) se les dio un cronómetro que debían activar en el momento de la penetración y darle al Stop en la eyaculación masculina.

Así vivieron durante cuatro semanas. La mayoría de los hombres dijo sentirse presionados y obligados a «durar más tiempo» para que sus parejas llegaran al orgasmo antes que ellos.

Esta presión explica las grandes diferencias del experimento: mientras algunas parejas tardaban 33 segundos, alguna otra llegó a los 44, el récord de duración del estudio.

Sin embargo, los científicos determinaron que una relación sexual dura como promedio unos 5,4 minutos, excepto en Turquía, donde apenas ronda los 3,7 minutos.

El uso del preservativo no afectó a la duración del coito; aunque sí la edad, las parejas más mayores tuvieron coitos más cortos.

El autor del estudio tampoco deja clara las cosas y se escapa por la tangente con la declaración:

«es evidente que no hay una definición estándar o normal».

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