Me quedo sin palabras al ver a una señora que se enfrenta en solitario en mitad de Bilbao a un grupo de batasunos reunidos para reclamar la excarcelación de un asesino múltiple. Me quedo sin palabras y me produce vergüenza que entre una población no nacionalista de más de un millón de habitantes no haya más personas como ella. Me avergüenza que ninguno de los que pasaba por allí hiciera el más mínimo gesto de apoyarle.
También me avergüenza el no saber a ciencia cierta si de haber estado allí lo hubiera hecho yo. El miedo es libre y es mejor no meterse en líos, que ya se sabe como las gastan los nazis. Lo mismo debieron pensar los policías que contemplaban la escena desde una prudente distancia.
Cuando los batasunos, entre divertidos e incrédulos, le pidieron que se callara, ella les contestó: «no me voy a callar, ese señor que defendéis ha matado al hijo de unos amigos míos y vosotros sois unos sinvergüenzas».
He escuchado la entrevista a la señora en la que dice que cuando hablaba después con sus amigos y estos le decían que «no tenemos nada que hacer, esto está perdido» ella se revolvía y les respondía: «¿pero cómo que no?» y les recordaba que lo peor del incidente fue ver el pasotismo avergonzado de sus paisanos y cómo agachaban la cabeza al pasar de largo.
Eso mismo hicieron los judíos, los homosexuales, los gitanos y los comunistas en la Alemania de los años treinta, donde también la cosa iba de nacionalismo y socialismo, o sea, de nacionalsocialismo. Ellos tampoco hicieron nada.
Parece mentira que solo hayan pasado diez años desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco y desde la rebelión cívica de los vascos ante el fascismo, cuando la gente se manifestaba ante las sedes de los cómplices de los asesinos y los ertzainas se quitaban las capuchas. Parece mentira que estemos otra vez así; somos muchos más y somos mucho mejores pero estamos otra vez muertos de miedo.
Entiendo que el miedo es libre y que John Wayne, Gary Cooper o Rambo son héroes que se enfrentan a la injusticia en solitario… en el cine, pero si un día no muy lejano nos echan de nuestra tierra poco derecho tendremos a llorar y lamentarnos los que no supimos enfrentarnos a los verdugos como hizo esa señora, con un par.
