ETA ha estado a punto de matar con un coche bomba en Bilbao al escolta, y militante del PP, de un concejal del PSE.
Quizá no era el mejor día para que el consejero de Interior del Gobierno Vasco anunciara que vuelve a poner, aunque únicamente hasta el 9 de noviembre, la escolta que le había retirado al socialista vasco Nico Gutiérrez. Por cierto, Nico es de los que han discrepado a tope con el llamado «proceso de paz» del Presidente Rodríguez y también con su compadreo con los que hasta hace dos días llamaba hombres de paz e izquierda abertzale y ahora, oh milagro, son otra vez Batasuna y están en la cárcel -aunque este sorprendente y radical cambio no tenga nada que ver con la proximidad de las elecciones, no sean ustedes mal pensados-.
Con este panorama, ha sido muy clarificador el análisis del atentado que ha hecho el secretario de Estado para la Seguridad, Antonio Camacho: «Parece que el objetivo del atentado era comprometer la vida de una persona».
El ministro de Justicia, Mariano Bermejo, que cobra todos los meses su sueldo de nuestros impuestos, también ha estado muy fino diciendo que actuará contra ANV «en el momento en el que la jugada lo aconseje».
Así las cosas habrá que pedir protección para Nico… y de paso para los escoltas, con lo que podríamos llegar a ser el único sitio del mundo donde los escoltas que protegen a políticos y ciudadanos amenazados por la mafia nazionalista lleven escolta.
Habrá que ir pensando también en poner escoltas a los escoltas de los escoltas, digo yo, y quizá llegue un momento en que no queden escoltas para todos los escoltas del País Vasco y entonces… ¿Quien nos escoltará?
Pues se lo podíamos preguntar a
Ibarreche, que mientras ocurre todo esto sigue a lo suyo y nos regala esta brillante reflexión: «El atentado supone un punto de inflexión porque es abrir un camino, de nuevo, de atentar contra las personas… Esto es absolutamente inaceptable, produce asco en la sociedad vasca porque otra vez ETA nos quiera devolver a ese pasado destructivo en el que se atenta contra los bienes, la vida, y personas inocentes, que no han causado ningún problema a la sociedad, sino, al revés, que, como en este caso, estaba trabajando para preservar los derechos fundamentales de las personas».
Pero no solo eso, sino que después de tan profundo análisis, Juan José ha añadido que «este punto de inflexión a ninguna parte no va a ocasionar, de ninguna manera, que, con su actitud, ETA vaya impedir que el pueblo vasco haga su camino… un camino que rechazará profundamente la violencia de ETA. No estamos dispuestos a permitir una vuelta atrás, a los atentados y atentar contra la vida».
Vamos, que como quien oye llover, él a lo suyo, o sea, a la segunda edición de su plan. Qué digo plan, es un planazo, planazo que si no me equivoco consiste en seguir dando excusas a ETA para conseguir que las empresas de escoltas en el País Vasco no den abasto.
Nada nuevo bajo el triste sol del País Vasco.
