Los Reyes Magos

Como por mi profesión ando de la ceca a la Meca, y también me toca trabajar el día de Reyes, en casa hacemos los regalos cuando podemos. Tengo una buena relación personal con el Rey Gaspar, mi favorito de toda la vida, y conseguí que él y sus colegas a pesar de lo liados que están vinieran ayer, ya que mañana habrá desbandada familiar.

Bueno, a lo que iba, que los Reyes Magos me han traído una motosierra -sí, una motosierra- y estoy encantado con ella. De hecho me ha hecho casi la misma ilusión que me hicieron los patines que me trajeron Melchor, Gaspar y Baltasar cuando tenía seis años y mis hermanos y yo les dejábamos en el salón whisky, tabaco, comida y agua para los camellos. Y la misma ilusión que un scalextric que me trajeron un año más tarde, cuando albergaba ya más que serias sospechas sobre quien se bebía el whisky y se fumaba los cigarros.

Ahora mismo voy a ponerle gasolina a la motosierra y, aunque he tenido que jurar ante la Biblia que no voy a podar nada que tenga raíces a menos de cien metros de nuestra casa, tengo fichados por ahí varios troncos caídos para hacer leña y calentar a la familia. No vean ustedes lo que vamos a ahorrar en el recibo del gas y de la luz, que ha subido un 10%. A partir de ahora dormiremos todos pegados a la chimenea, que usaremos también de cocina. Un chollo. Y al Ministro de Industria -que ha comparado el impacto que la subida de la luz tendrá en los hogares con «el precio de un café»- y también a Iberdrola, Gas Natural, Endesa y compañía les deseo lo mejor, pero que no cuenten conmigo.

La verdad es que aunque la motosierra viene con todo tipo de dispositivos de seguridad, además de gafas, máscara y guantes de protección, el tema de la seguridad y mi natural tendencia a autolesionarme preocupa bastante en el entorno familiar. Es por eso por lo que estoy considerando seriamente comprarme una armadura toledana que he fichado en un anticuario. ¿Que si me preocupa la imagen que voy a dar en el vecindario cuando salga motosierra en mano y vestido de Lancelot? Pues un poco sí, lo reconozco, pero la seguridad es lo primero. Además, en un país donde está prohibido casi todo, no he encontrado ninguna ley que prohiba conducir con armadura, porque la leña me la tendré que traer a casa en el maletero del coche. Aunque para trabajos pequeños creo que iré en moto con una mochila, aprovechando que la armadura tiene casco.

Pero siguiendo con los Reyes Magos, y como parece ser que he sido bastante bueno, también me han traído varios libros, que añadiré al montón de mi mesilla de noche, un montón que no para de crecer. Calculo que si no comprara ni me regalaran ninguno más tendría lectura para un par de años, lo malo es que soy incapaz de contenerme y por cada libro que leo compro dos.

El último que he leído ha sido «Lord Jim», de Joseph Conrad y, siguiendo en la línea de dramas navales, el que estoy leyendo ahora es muy apropiado para estos días frugales de ayuno y abstinencia. Trata del ballenero Essex que sale de Nantuckett, Massachusetts, en 1820 para pescar ballenas durante dos o tres años en el Pacífico y es en mitad del Pacífico precisamente donde un cachalote de veinticinco metros se mosquea y les embiste. El barco se hunde y sus veintidós tripulantes se quedan con cara de haba y prácticamente con lo puesto en tres botes de remos con el más que complicado objetivo de alcanzar las costas de Sudamérica, a cinco mil kilómetros. No les voy a contar lo que beben y lo que comen los pobres para no amargarles lo que queda de fiestas, ni tampoco les cuento nada más por si alguno de ustedes decide leerlo, pero les anticipo que el libro es muy bueno si les gustan las desgracias como a mi, y es mucho mejor aún si uno tiene a mano una abundante provisión de agua, vino, cerveza, marisco, caza, cordero, turrón y otras exquisiteces propias de la temporada, porque la verdad es que se pasa mucha sed, mucha hambre y muchas penurias leyéndolo.

Cuando acabe de sufrir, y si es que llegamos a tierra firme, me meteré con «Life», la autobiografía del rockero Keith Richards, un auténtico figura. El libro promete y al menos está garantizado que no pasaré más penurias.

Los siguientes en lista de espera serán Hermann Tertsch y su andanada al Zapaterato y el sexto y último volumen de Winston Churchill sobre la II Guerra Mundial. Un tocho en el que llevo metido ya tres años y que, la verdad, no tiene desperdicio.

Pero el libro que más ilusión me ha hecho ha sido uno que me han traído los Reyes en casa de mi amigo José. Se trata de un manual de aviación del año 1931 que, ochenta años después, es una auténtica joya.

Bueno, que tengan ustedes un muy feliz año y que los Reyes se porten bien con ustedes. Y si han sido más malos que yo y les traen carbón aquí va un consejo: sáquenle un dedo al Sr. Ministro y… a disfrutar, que con el frío que hace ya verán lo calentitos que van a estar.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Lo más leído