Adios, Fernando

Adios, Fernando

Se nos ha ido Fernando García de Cortázar. Había hablado con él hace pocos días y estaba tan activo como siempre, de aquí para allá y como un chaval. Se nos ha ido sin avisar.

Le conocí hace muchos años cuando tras oír mi nombre se me presentó en la cabina del avión en un vuelo a Valencia, pues sabía que compartía con él trinchera en el Foro Ermua. La casualidad hizo que en Valencia nos alojáramos en el mismo hotel y nos dieron las tres de la mañana charlando.

Mi mujer y yo nos hicimos buenos amigos de Fernando y compartimos con él  momentos muy duros, pero también disfrutamos de charlas, de comidas y cenas en las que lo pasamos muy bien, alguna de ellas con otro sacerdote vasco que también necesitaba escolta para decir misa: Jaime Larrínaga. Una vez mi mujer comentó: qué curas tan atípicos son estos de la resistencia, no? Y no le faltaba razón, eran atípicos y eran majísimos. Hay que tener en cuenta que -por sus hechos los conoceréis- no éramos precisamente grandes fans de la Iglesia del País Vasco por aquellos tiempos, y seguimos sin serlo.

Eran tiempos muy duros y Fernando iba con escolta. Él estaba curtido en mil batallas y mi mujer y yo acabábamos de sumarnos a esa resistencia, pero hicimos lo que pudimos, que creo que fue bastante. Fernando era una gran persona, siempre dispuesto a ayudar a los que lo pasaban mal entonces en el País Vasco y en otros puntos de España gracias a la eta y a sus satélites, que mandaban mucho y tenían al personal acojonadito, con perdón. De los que no se fueron del País Vasco nadie levantaba mucho la voz, por si acaso. Fernando sí, de hecho fue unos de los fundadores de Basta Ya y del Foro Ermua. Nunca agachó la cabeza ni se escondió, ni tampoco calló frente al nacionalismo obligatorio, por eso llevaba escolta.

Catedrático de historia contemporánea, historiador y escritor, dedicó una gran parte de su vida a escribir sobre la historia de España, a la que amaba profundamente.

Hace poco he leído esta frase que pronunció tras recoger de uno de los muchos premios que recibió y en la que hablaba de su afán de «hacer público el mensaje religioso, especialmente en estos momentos, en los que tenemos que hablar no solo a los que comparten la misma fe que nosotros, sino también a aquellos que podríamos llamar cristianos culturales, que ven en la religión y en el cristianismo un hecho del que esperan que ayude a mantener unos principios y convicciones que necesita este mundo”. Me identifico plenamente, creo que soy un «cristiano cultural».

En este último año tuve una estrecha relación con él porque le pedí su ayuda para presentar la candidatura de mi cuñado y amigo, Jaime Lafita, y de dalecandELA, la asociación que fundó para luchar contra la ELA, al Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Él se prestó sin dudarlo un segundo a avalar la candidatura. No llegó a conocer a Jaime, pues siempre estaba de aquí para allá con presentaciones de libros, conferencias y entrevistas y no conseguí cuadrar la comida que teníamos pendiente en mi casa para presentarle a Jaime y a Lourdes, que tenían muchas ganas de conocerle. Pero Fernando se portó con él como si fueran amigos de toda la vida, pues tenía a otro amigo suyo con la misma enfermedad y cuando le hablé de la ELA sé que toqué su fibra más sensible.

En fin, que el premio no pudo ser. Ya sabíamos él y yo desde el minuto uno que era casi imposible conseguirlo, pero creo que el gran esfuerzo que hicimos y el sólo hecho de conseguir ser candidatos, con el apoyo de casi setenta personas de altísimo nivel y de todas las esferas de la sociedad, han hecho que nuestro esfuerzo no haya caído en saco roto. Creo que tenemos motivo para sacar pecho y estar orgullosos, y en gran parte es gracias a Fernando, y también a la ayuda de su gran amigo ovetense, Javier Muñiz, que siempre estuvo dispuesto a echarnos una mano, como lo estuvo Nieves, la más que eficiente y encantadora secretaria de Fernando. A los dos muchas gracias y un fuerte abrazo.

Las conversaciones que teníamos eran interminables, porque era muy ameno, extremadamente culto y daba gusto charlar con él. Conocía muy bien toda España y su historia, que le dio para publicar setenta libros. También conocía a toda España, y en sus casi ochenta años de vida había tratado con todo el mundo, había visto muchas cosas y tenía mucho que contar. En una de las últimas llamadas, apenas hace una semana, yo iba en bici (descuiden, iba por caminos donde no hay coches) y la charleta duró más de quince kilómetros, no les digo más.

En fin, que se nos ha ido un amigo y una persona muy grande. Los que queremos a este país como lo querías tú te echaremos mucho de menos, Fernando. Descansa en paz.

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Autor

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

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