Héctor Aguilar Camín publica la novela La provincia perdida, que define como una historia de guerra, magia y amor.
Eran casi las once de la noche y ya estaban por cerrar la edición, en los ochentas, y resultaba necesario que la noticia se diera a conocer en los más importantes medio de comunicación, de manera especial en los impresos y específicamente en dos revistas de extraordinaria importancia en esa época, entre ellas Nexos.
Efrén, no contestan en ninguna de las dos revistas, la información ya esta en todas las redacciones pero ahí ya no quieren recibir nada; que raro, le dije, haber qué pasa. Le marque entonces al jefe de publicidad de Nexos, Marco Hinojosa.
Marcos, échame la mano, te estoy enviando una nota que va con dos planas de apoyo…uuyy, Efrén, ya es muy tarde ya esta cerrada la edición, pero es que es una nota muy importante Marcos; pues si Efrén lo será pero ya cerra…haber hasta suerte tienes canijo, aquí va regresando el jefe Héctor… espérame tantito. Oye Efrén de qué trata la publicidad; es una nota que va apoyada con dos planas, es sobre la posición del partido ante los pronunciamientos de Cuahtemoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo…espera un momento…
Oye Efrén dice el jefe Héctor que eso no es publicidad que es una nota, mándala.
Salí corriendo de la oficina, llame al mensajero /motociclista de guardia y le dije: vamos en friega a la Condesa a Nexos; iba emocionado no tanto por haber logrado insertar la nota y sin pagar publicidad, sino por la posibilidad de conocer a Héctor Aguilar Camín, que desde aquel entonces ya era un intelectual respetable y respetado por la sociedad en general.
En esta semana acaba de poner en circulación su más reciente libro; he aquí la entrevista que le hace Juan Solis para el periódico El Universal:
La única posición que tomó Héctor Aguilar Camín cuando se puso a escribir la novela La provincia perdida fue la que habitualmente adopta frente a la computadora. La ficción no exige más.
“Los artículos de periódico son otra cosa –dice. Ahí hay que pronunciarse en favor o en contra, cada vez que se escribe. Trato de que ese pronunciamiento no sea ideológico ni personalizado contra alguien. La ficción es otro mundo, un mundo más rico, que no acepta demasiado las ‘posiciones’ del autor. Más bien, las pone a un lado.”
Editada por Planeta, La provincia perdida es el más reciente trabajo del novelista, historiador y periodista. La obra narra, a través de cartas, las andanzas en una provincia remota de un enviado de una República en plena guerra civil. El protagonista, a decir del autor, “pierde los ideales y la guerra, pero gana el amor y la sabiduría radical del desencanto”.
—¿Todo ideal deviene desencanto?
—Probablemente. Pero el desencanto no necesariamente mata los ideales. Los modera, los vuelve de carne y hueso. Un ideal sin desencanto es probablemente ceguera ideológica o ingenuidad existencial.
Cuenta el autor que el detonador de la obra fue la lectura de una reseña sobre nueva literatura china en la revista The economist. En el texto se hacía referencia a una novela sobre un enviado del gobierno de la China actual a una provincia remota de la China profunda.
El involuntario tono satírico de esa novela que Aguilar Camín nunca leyó, provocó que se propusiera escribir “una novela fantástica de guerra, magia, amor y desencanto”.
“Empecé a escribir los primeros capítulos de esta novela sin saber a dónde iban ni de dónde venían. Y el texto vino así desde un principio, desde la voz de un desconcertado emisario (Avilán) que escribe memoriales solemnes sobre un mundo disparatado a una autoridad improbable.”
El autor asegura que no hay analogía alguna entre su historia y México, sin embargo, “México está, desde luego, en toda la novela”.
“Lo que no hay son ‘personajes reales’ ni detrás de Pastor Lozano, ni de Tata Huitzi, ni de ningún otro personaje de La provincia perdida. Es una novela hija de su propio pozo, hasta ahora ignorado para mí. Le pongo comillas a ‘personajes reales’ porque empiezo a creer que no hay personajes reales ni en la realidad. Todos somos personajes imaginarios.”
Entre el historiador, el novelista y el periodista no hubo batalla por la pluma. El escritor mandó de principio a fin, asesorado por el lector, ese que indagó intencionalmente en Pushkin, Solana Olivares, Guillermo Prieto, Thomas de Quincey, Flaubert y Thomas Mann, entre otros.
Dieciséis meses, entre 2003 y 2006, le tomó al autor la escritura de la novela. Lleva una bitácora precisa.
“Tuve una primera versión final en febrero de 2006. Interrumpí la escritura para hacer la edición de los testimonios de la fiscalía del caso Colosio que dio lugar a la que yo llamo una ‘novela sin ficción’, La tragedia de Colosio, aparecida en marzo de 2004. Interrumpí nuevamente, también para terminar otra novela que llevaba adelantada y que se publicó en 2005: La conspiración de la fortuna. Nunca he tenido, como en estos años, tanto tiempo para leer y escribir.
Entre el autor y el protagonista de su novela, Avilán, hay puntos de intersección: “Avilán es un personaje que sabe creer y sabe dudar de lo que cree. Deja que la realidad entre y sacuda sus creencias. Cree profundamente en lo que cree y en lo que no cree, incluidas sus dudas cósmicas. Me identifico con su duda cósmica en materia de causas buenas y con su desencanto esperanzado.” Texto escrito por Juan Solis y publicado por El Universal. Miércoles 04 de julio de 2007.