Asociaciones extremistas antimigrantes, conocidas como grupos de odio, ejercen violencia en contra de los extranjeros indocumentados que residen en Estados Unidos, indica un diagnóstico de la Cámara de Diputados de México.
El Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara retoma datos del organismo estadounidense Southern Poverty Law Center, y señala que hay 844 asociaciones (con vigencia en 2006) conocidas por sus acciones extremistas en contra de los inmigrantes, que incluso llegan a provocar muertes.
De acuerdo con el organismo, estos grupos realizan actos criminales, marchas, discursos, reuniones y publicaciones con tintes de xenofobia, animadversión étnica, religiosa e ideológica hacia los inmigrantes.
El documento titulado Relación México-Estados Unidos señala que la intolerancia de estos grupos racistas afecta a quienes cruzan ilegalmente la frontera, de los cuales, un porcentaje importante son mexicanos. (Con información El Universal)
Con estos antecedentes, pues, qué más da otra organización contra emigrantes.
En un excelente reportaje de Sandra Romandía Vega, enviada especial del periódico sonorense Expreso, visita la ciudad de Arriaga, Chiapas, en la frontera sur con Guatemala, ubicada casi 4 000 kilometros de Hermosillo,
da cuenta de cómo otro tipo de organización legalmente constituida engancha, engatusa, seduce, negocia, convence, o como le quiera usted llamar, al potencial emigrante, pretenso ilegal o al ciudadano estadounidense en cierne.
Agencias turísticas promocionan al Estado en Chiapas. Arriaga, Chiapas. En Chiapas se ofrecen viajes turísticos a Altar y Nogales. Nunca Sonora fue tan turístico.
Jamás la frontera fue tan codiciada, tan acariciada desde lejos, a más de 3 mil kilómetros de distancia.
En esta ciudad del estado de Chiapas el calor es sofocante y más a las 2 de la tarde, cuando la tierra ya está caliente.
En una calle estrecha sin nombre, sin pavimentar, sin aparecer quizá en el mapa, se encuentra una pequeña casa con anuncios en sus paredes: “Agencia turística ofrece viajes a Nogales, Altar, Tijuana, Cd. Juárez”.
Es la frontera sur del país, a unos minutos de su colindancia con Guatemala, en donde los indocumentados centroamericanos y los mismos chiapanecos llegan para buscar satisfacer algo más que un sueño, una necesidad: emigrar.
Poco es el pavimento que hay en las calles de aquí. Mucho es el calor, la humedad, y la desolación de un pueblo costero que es el punto de reunión de los emigrantes que buscan ir hacia el norte del país colgados en el tren o en autobús de las llamadas agencias turísticas.
Desde hace dos años en que el huracán Stan destrozó parte de las vías que iniciaban en Tapachula, ahora Arriaga es el punto de fijación para quienes buscan la frontera norte.
Sonora es bien conocido, es un estado popular en Chiapas.
“Es una ruta floja”, comentan los centroamericanos al referir que según lo que les han dicho, es más sencillo cruzar por ahí a Estados Unidos. En esta frontera, se calcula que diariamente más de 600 indocumentados tratan de pasar para encontrar una vida mejor.
Una opción A unas diez cuadras de las vías del tren desde donde se cuelgan quienes proyectan viajar sin pagar, se ubica el Hogar de la Misericordia.
Adentro el olor recuerda al sudor de la piel de varios días, añejo. Una veintena de personas duermen en el piso, con sólo un abanico que mitiga la temperatura.
Mensualmente acuden alrededor de 500 personas a pedir ayuda a este albergue.
Sentada en un sillón humilde de madera, Laura sostiene entre sus manos una lata de sardinas ya vacía y respira hondo. Luce tensa y rehuye mirar a esta periodista igual que lo hacen los demás inquilinos del albergue.
De cara joven, piel trigueña y voz suave, Laura cuenta ser de Honduras, de una ciudad chica llamada San Pedro Sula, desde donde salió una semana atrás para llegar a México acompañada de su hija Cherlyn de tan sólo 3 años de edad, dejando en su país a su otra niña, Adelita, de 8 meses.
Ella pretende llegar a Carolina del Norte o a Utah, según la ruta que logre establecer.
“Unos me dicen que en autobús me vaya, otros que en tren. Por lo que me han dicho me da más miedo el tren, pero todo depende del dinero que me manden”, menciona mientras se quita el sudor de la frente.
En caso de irse en autobús, su ruta sería hacia Sonora para después llegar a Utah, pero dependerá también de los coyotes que su familia en Estados Unidos logre contactar.
Mientras tanto, tendrán que pasar algunos días en la espera de que le manden dinero y le indiquen la ruta a seguir.
“Sí tengo miedo, la gente me mienta tantas cosas que me da miedo, pero con las manos de Dios todo se puede, tengo la fe en Dios que todo saldrá bien”, dice con voz baja, serena y sin soltar aún la lata vacía de sardinas. Por Sandra Romandía Vega
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