Hermosillo

Efrén Mayorga

Actitudes y conductas durante un desastre.

Con motivo de la presencia del huracán Henriette en el noroeste del país, afectando los estado de Sonora,Sinaloa y Baja California Sur, es muy importante poner atención a los aspectos que a continuación se exponen; ya que son muy diversas las reacciones que las personas pudieran tener durante la ocurrencia de un desastre o un fenómeno meteorológico.

Hay que recordar, además, que apenas se esta a la mitad del camino en cuanto a la temporada de huracanes se refiere, por lo que de alguna manera estas consideraciones a alguien podrían ser útiles en un futuro no muy lejano.

Aunque por lo general las conductas y actitudes humanas, son impredecibles, también es cierto que la humanidad ha evolucionado tanto que ya se han realizado estudios sobre el comportamiento humano durante un desastre.

Antes que nada, hay que considerar que lo más importante en cuanto a la planificación para desastres se refiere, no es lo que se dice, sino lo que se supone.

Son particularmente cruciales las hipótesis que se formulan acerca del comportamiento individual y colectivo con ocasión de desastres.

Asombrosamente, los estudios realizados en los últimos años por especialistas en ciencias sociales revelan que gran parte de la planificación y de los programas de adiestramiento para desastres se basan en hipótesis inexactas sobre el comportamiento precitado.

Resulta inquietante escuchar la opinión errónea de que las víctimas reales o potenciales de los desastres no reaccionan como debieran ante el peligro. Sencillamente, eso no es cierto.

La realidad difiere bastante de las hipótesis. Recuérdese la reacción de la ciudadanía durante los diversos desastres que ha padecido después de la amarga experiencia de los sismos del 85 en la ciudad de México.

Las hipótesis repetidas son en general tres:

1.- La idea de que las personas son presas del pánico y pierden todo control en situaciones de peligro extremo.

2.- El concepto de que con ocasión de desastres se manifiesten comportamientos antisociales, particularmente de carácter delictivo.

3.-Se juzga que las víctimas de desastres muestran una actitud pasiva y dependen absolutamente de la ayuda que puedan prestarle las organizaciones.

Si eso fuera así, las repercusiones serían importantes para la planificación en previsión de desastres y para las medidas de respuesta. Por ejemplo.

Podría estar justificada la renuencia a decretar la evacuación, por temor al pánico y la desbandada consiguientes. Por otra parte, podría decretarse la concentración del personal y los recursos en las medidas de seguridad y no en otras de tipo correctivo.

En general no se produce pánico, al contrario. En vez de huir de los lugares expuestos, es mucho más probable que la gente se concentre en las zonas de impacto. En vez de correr sin sentido, las víctimas reales o potenciales de desastres se desplazan a los puntos que consideran seguros e intentan hacer lo que está recomendado en situaciones de emergencia.

Tampoco es cierto que las víctimas de desastres adquieran psicosis o enfermedades mentales graves. En general esas personas están muy asustadas, pero ello no significa que actúen como seres irracionales, de manera impulsiva, egoísta o estúpida. En lugar de ataques de histeria, la reacción usual es tratar de evaluar conscientemente la situación y estudiar la actitud que debe adoptarse.

Comportamiento antisocial. Muchas veces, el personal directivo y los periodistas inexpertos consideran a los desastres como ocasiones en que pueden surgir los comportamientos antisociales. Se dan por supuestas actitudes tales como el pillaje y otros tipos de comportamiento delictivo. La idea básica es el supuesto de que la perversidad latente del ser humano sale al exterior con ocasión de desastres.

Esta suposición es también inexacta. La característica predominante en el periodo de emergencia de un desastre es el comportamiento prosocial y no el antisocial. Circulan muchas historias de pillaje pero los casos reales son raros y cuando se producen los culpables son a menudo personas extrañas, es decir, no pertenecientes a la población afectada. También es raro el comportamiento desordenado de la multitud. En general es mas lo que se comparte y lo que se da por propia voluntad que lo que se roba(y que por lo general suelen robarse cosas que no son útiles para enfrentar el desastre).

Dependencia. Se tiende a suponer que las victimas de un desastre estarán desorientadas y conmocionadas, y que serán incapaces de resistir a las extremes tensiones físicas y psíquicas. Se da por supuesto que la desorientación y desmoralización de esas personas requerirá la presencia de extraños que se encarguen de trabajos elementales como serían el alimentarlas, alojarlas y vestirlas. Por ello, es corriente la idea de que las poblaciones afectadas esperaran pasivamente y no harán nada hasta que llegue la ayuda sistemática del exterior.

Esa hipótesis no ha sido tampoco corroborada por los estudios. Las víctimas no se quedan inmovilizadas, incluso en las catástrofes mas graves. Tampoco pierden la iniciativa ni quedan pasivamente a la espera de que los demás se ocupen de ellas y de sus necesidades. Generalmente, incluso antes de que termine plenamente la fase de impacto, los damnificados inician la labor de búsqueda y rescate, y se ocupan de transportar a los heridos a los lugares donde pueda obtenerse asistencia médica.

También se busca activamente alojamiento y se lo ofrece a familiares y amigos; la labor individual de reconstrucción de viviendas tampoco tarda en empezar. En casi todos los desastres, la actitud individual y colectiva predominante será de auto asistencia, cooperación y ayuda; solo como ultimo recurso y en circunstancias insólitas se buscara el apoyo oficial de organizaciones y se dependerá de el.

Conclusiones. Lo anterior no quiere decir que los individuos por si mismos o con la ayuda de unos pocos amigos y vecinos puedan resolver todos los problemas ocasionados por situaciones de emergencia. Hay cosas que el individuo no puede ni debe hacer por si mismo. Un damnificado puede rescatar a sus vecinos, pero lo que no puede es darles atención médica.

De modo análogo, el descombro, la reconstrucción de puentes, la restauración de la corriente eléctrica, la determinación de la presencia de contaminantes en el agua, etc., no son tareas que puedan realizar con facilidad personas particulares o pequeños grupos de vecinos.

También se necesita una organización para aspectos tales como alarma, orden de prioridad de las medidas de emergencia, coordinación del socorro externo; reposición de suministros médicos, adopción de decisiones sobre medidas de recuperación. etc.

En general, el ser humano se pone a la altura de las circunstancias con ocasión de catástrofes. Los principales problemas de reacción a esas circunstancias se plantean en las organizaciones de ayuda.

En consecuencia, estas no deben agravar sus problemas con supuestos erróneos sobre la actitud de las víctimas a que pretender ayudar. Esperamos que estas observaciones contribuyan a que se sitúe en una justa perspectiva el comportamiento humano en casos de desastre. El artículo ha sido elaborado en base a un documento presentado por el Prof: E.L. Quarantelli, Director del «Disaster Research Center» de la Universidad de Ohio.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído