Hermosillo

Efrén Mayorga

DAMNIFICADOS

Para una gran parte de la población sonorense ya pasaron los momentos críticos provocados por la presencia del huracán Henriette; para muchos ya pasó lo peor y han vuelto a la cotidianidad de su vida diaria.

Sin embargo, para una parte importante de habitantes de la región sur de la entidad, las consecuencias del fenómeno meteorológico apenas han empezado a manifestarse.

Muchos niños habrán perdido sus útiles escolares, otras niñas no encuentra sus zapatos ni su cepillo para peinarse; otros jóvenes ya no tiene sus pantalones ni su blusa para salir a la calle, todo se lo llevo el agua.

Lo más lamentable, cuatro vecinos nuestros, que convivían a diario en nuestras colonias dejaron de existir por causas del huracán, entre ellos un niño de dos años de edad.

Raúl Miliani Sabido, una de las personas más preparadas para la capacitación de personas e instrumentación de programas de protección civil en México, en diversas ocasiones impartió cursos para brigaditas voluntarios a los cuales tuve la oportunidad de asistir, de esos cursos se extraen y presentan algunas notas sobre la manera de auxiliar a una persona damnificada:

El término damnificado por lo general se refiere a las personas y familias afectadas por un desastre y sus consecuencias. Las víctimas de los desastres han experimentado un evento inesperado y estresante.

El término denota la capacidad de la persona victimizada por el desastre para sobrevivir haciendo acopio de fuerza y aumentando su capacidad para adaptarse con el tiempo.

Quizás la mayoría de los damnificados hayan estado funcionando adecuadamente antes de la catástrofe, pero el estrés de la situación puede haber deteriorado su capacidad de resolución de crisis.

Aunque los damnificados puedan presentar síntomas de estrés físico o psicológico, no se ven a sí mismos como personas con un trastorno mental, ni debieran hacerlo; están reaccionando de una manera normal a una situación anormal.

Los damnificados son de todas las edades, clases socioeconómicas y grupos raciales o étnicos, ya que las catástrofes afectan en forma indiscriminada a la población de la zona que sufre el impacto.

Es de suponer que las víctimas recobrarán sus funciones usuales si se les ayuda y se les proporciona apoyo emocional e información conveniente.

Algunos damnificados pueden sufrir más que otros, según varios factores conexos.

Pueden ser particularmente susceptibles a las reacciones físicas y psicológicas producidas por un desastre, quienes:

• son vulnerables como resultado de vivencias traumáticas previas;
• están en riesgo a causa de mala salud o enfermedades crónicas recientes (como cardiopatía o infección por VIH);
• experimentan estrés intenso y pérdidas catastróficas graves como consecuencia del desastre;
• pierden el apoyo social y psicológico, y
• carecen de habilidades para resolver crisis.

Los ancianos son un grupo que puede tener dificultades particulares para enfrentar un desastre y sus consecuencias. Es frecuente encontrar damnificados mayores que viven solos y aislados de sus sistemas de apoyo; por tanto, suelen tener miedo de pedir ayuda.

Los problemas característicos en este grupo después del desastre son la depresión y una sensación de desesperación. Lamentablemente, en algunas personas mayores es común encontrar una falta de interés en rehacer sus vidas.

Los niños son otro grupo con necesidades especiales, ya que por lo general no tienen la capacidad para comprender ni racionalizar lo que ha sucedido; por consiguiente, pueden presentar problemas emocionales o de conducta en el hogar o en la escuela.

Los trastornos más prominentes notificados en los niños después de un desastre suelen ser fobias, trastornos del sueño, pérdida de interés en la escuela y conducta difícil.

Algunas personas que tienen antecedentes de enfermedades mentales también pueden necesitar atención especial. El estrés que acompaña una situación de desastre puede causar, en esta población, recaídas debidas a la pérdida de los sistemas de apoyo o la incapacidad para obtener sus medicamentos diarios.

Por último, otro grupo en riesgo que debe tener en cuenta el trabajador o brigadista es el de las personas que estaban pasando por alguna crisis en su vida en el momento del desastre.

Este grupo involucra a las personas que en el pasado reciente se hayan divorciado o enviudado y los que se hayan sometido a cirugía mayor. Estos damnificados pueden ser en particular vulnerables al estrés generado por un desastre natural.

En resumen, aunque hay grupos en determinado riesgo que merecen mucha atención del trabajador de socorro, hasta cierto punto todas las personas en una zona de desastre son damnificadas. Con la asesoría de Raúl Miliani Sabido, Director de Relación Institucional de la Coordinación Nacional de Protección Civil y con información de Raquel Cohen, salud mental para víctimas de desastres, manual para instructores; http://cidbimena.desastres.hn/docum/ops/publicaciones.

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