Hermosillo

Efrén Mayorga

Las entrañas del cártel del Golfo: revelaciones de un testigo letal

++…La fuente de estas letales revelaciones es Rafael Cárdenas Vela, sobrino del extraditado capo Osiel Cárdenas Guillén

Cae el Taliban alias el Z 50

++Las entrañas del cártel del Golfo: revelaciones de un testigo letal

Extracto del reportaje que se publica esta semana en la revista Proceso 1874, ya en circulación

El juicio que se lleva a cabo en Texas contra un exjefe de plaza del Cártel del Golfo en Río Bravo, Tamaulipas, derivó en una pormenorizada exposición del testigo principal del caso en torno al modus operandi de esa organización, sus traiciones internas y fracturas, su confrontación con Los Zetas… La fuente de estas letales revelaciones es Rafael Cárdenas Vela, sobrino del extraditado capo Osiel Cárdenas Guillén. Proceso pudo conocer de primera mano esta información al asistir a una de las sesiones del juicio.

BROWNSVILLE, Texas (Proceso).- A las 6:30 horas del martes 25 de septiembre, Rafael Cárdenas Vela, El Junior, subió al camión blindado, que partió con una escolta de varias patrullas. Minutos antes de las 7:00 llegó a la Corte del Distrito Sur de Texas, atravesando el fuerte dispositivo policiaco.

La cuarta sesión del caso 1:11-mj-01145, que desde el 19 del mismo mes las autoridades de Estados Unidos siguen contra Juan Roberto Rincón Rincón, El X-5 o El Primo, exjefe del Cártel del Golfo en Río Bravo, se inició en el Salón Tres, ubicado en el tercer piso del edificio que ocupa la corte en esta ciudad fronteriza.

Para entrar fue necesario presentar una identificación oficial, quitarse los zapatos y colocarlos junto con otras pertenencias en las bandas de rayos X; luego, cruzar por los arcos detectores de metales y, finalmente, tolerar una minuciosa revisión.

Los seis alguaciles que vigilaban al testigo principal se distribuyeron en la amplia sala. Cárdenas Vela, vestido con una camisa café claro a cuadros y un pantalón de color semejante, se acomodó en el banquillo ubicado a la derecha de la juez Hilda G. Tagle y se ajustó a los oídos el audífono de la traducción simultánea para continuar con el testimonio que rinde ante un jurado de diez mujeres y seis hombres.

Como ha mantenido entrevistas con los agentes del gobierno durante los últimos meses, enfatiza: “Tengo la esperanza de que me ayuden. Desde que me agarraron, cooperé con el gobierno, les he estado contando información sobre todo lo que sé”.

Espoleado por los cuestionamientos del abogado Ricardo Zayas, defensor del acusado Rincón, el testigo captó enseguida la atención de los presentes en la sala con sus revelaciones.

Dijo que empezó a trabajar desde los 16 años en una fábrica de juguetes y después entró a la Policía Federal. En 2001 su tío Osiel Cárdenas Guillén lo envió a San Fernando para “sentar plaza”, ya que en ese tiempo nadie controlaba esa región, hoy estratégica para el trasiego de narcóticos.

“Osiel me dijo que hablara con el comandante de la Policía Ministerial Noé Hinojosa, ya que él me iba a ayudar. Cuando llegué, empecé paso a paso”.

El Junior afirma que llegó a San Fernando con 10 mil dólares para ofrecer pagos a policías, militares y oficiales de marina, así como a gente de la prensa, la radio y la televisión. Ahí reclutó como informantes a bailarinas y desnudistas de centros nocturnos. “Al alcalde no necesitaba pagarle, ya que habíamos financiado su campaña”.

San Fernando, una población de aproximadamente 70 mil habitantes, era un lugar propicio para el tráfico de droga porque por ahí pasa la carretera que viene de Centroamérica, de donde se importa buena parte de los estupefacientes; otra parte se traía desde Colombia en aviones y embarcaciones que la dejaban en la Laguna Madre. Posteriormente la llevaban por brechas clandestinas a las principales ciudades fronterizas de Tamaulipas.

En esa época las operaciones del Cártel del Golfo en San Fernando costaban 95 mil dólares semanales, precisó. Y para consolidar la plaza, dijo, el cártel entregó 20 mil dólares a los jefes de la Policía Federal Preventiva en la región.

A esos montos debe añadírsele el pago al “comandante Dientes” de la Marina, así como a efectivos del Ejército (“sólo a los que trabajaban conmigo”) y a empleados de empresas telefónicas. En fin, “ya sabía cómo hacerle. Aprendí mirando cómo mi tío Osiel manejaba las demás plazas, así que ya sabía a quién tenía que arreglar para tener bien controlado todo”.

El abogado Zayas le preguntó cuánto tiempo se tardó en “arreglar” la plaza: “¿Unos seis meses?”.

“¡N’ombre, menos de diez días”, respondió Cárdenas Vela.

El siguiente paso, continúa, es nombrar a los comandantes que se harán cargo de los diversos “departamentos”, como el de “pasadores” (que trasladan la droga a través de la frontera), el de los sicarios y otro para controlar a los halcones e informantes. Además, cada sección tiene un “contador”, que supervisa la nómina y revisa que los cargamentos de droga tengan el peso indicado. “El comandante y el contador le rinden cuentas al jefe de plaza”, explicó El Junior.

Zayas preguntó cuánto se tardan los jefes de departamento en tomar posesión: “¿Semanas?”

“¡N’ombre! , volvió a responder Cárdenas Vela. “En 24 horas. Se debe agarrar el control de voladita, lo más pronto posible, o de lo contrario se nos meten Los Zetas”.

Según la descripción del testigo, el Cártel del Golfo funciona como cualquier empresa moderna, incluso con el sistema de outsourcing.

Puso como ejemplo el caso de El Rojo, quien tiene un grupo de 100 pasadores que llevan droga a Estados Unidos a 50 dólares por kilo. El Rojo es contratado por todos los jefes de plaza distribuidos en la “frontera chica” tamaulipeca.

Asimismo expuso que la mariguana mexicana cruza la frontera en dos ocasiones al año. Para la “temporada de riego” empieza a sembrarse en marzo y abril, a finales de mayo se cosecha y desde junio llega a la frontera para surtir a los consumidores estadunidenses.

Para la “temporada de lluvia” se siembra a partir de septiembre, se cosecha en octubre y finales de noviembre el producto cruza la frontera porque los envíos de las entregas anteriores ya se están agotando.

Igualmente habló de la construcción de pistas clandestinas en apartados ejidos de la región para las aeronaves que traían cocaína de Colombia, y dijo que cobraban el derecho de piso (“el piso”) que deben pagar otras organizaciones por pasar droga a través de su territorio: “Les cobrábamos el 10 por ciento” del valor de la carga.

Contó que él no tuvo que comprar un auto blindado, ya que Heriberto Lazcano (El Z 14) y Osiel Cárdenas le regalaron varios.

Con información de Juan Alberto Cedillo, 29 de septiembre de 2012. http://www.proceso.com.mx/?p=321216

(Extracto del reportaje que se publica esta semana en la revista Proceso 1874, ya en circulación)

El Talibán estaba en la mira de EU desde hace más de 10 años.
DALLAS, 30 de septiembre.- Las actividades del presunto integrante del cártel de Los Zetas Iván Velázquez Caballero “El Talibán”, eran monitoreadas y documentadas por Estados Unidos desde hace cuando menos una década.

De acuerdo con una acusación interpuesta ante la Corte Federal de Laredo, Texas, durante más de diez años se dio seguimiento a las actividades del presunto narcotraficante, detenido el pasado miércoles por autoridades mexicanas.

La acusación es una de las más amplias presentadas en Estados Unidos en contra de Los Zetas, pues enlista a 32 presuntos integrantes de esa organización, incluido Velázquez Caballero, y las evidencias de sus actividades se remontan a 2001.

En la querella, Velázquez Caballero es descrito como un “supervisor” de la organización criminal, y se le ubicaba en 2008, al momento de presentarse la acusación, como uno de los hombres más cercanos a Miguel Ángel Treviño Morales, el presunto líder del grupo.

Sin embargo, versiones periodísticas difundidas a raíz de su detención el miércoles en el estado mexicano de San Luis Potosí señalan que Velázquez Caballero habría roto con Treviño, al dividirse la organización en una pugna por su liderazgo.

En la acusación, “El Taliban” es mencionado sólo en dos ocasiones.
La primera referencia lo acusa de conspirar desde 2001 para importar mariguana y cocaína a Estados Unidos, y la segunda como responsable de ordenar la compra de 18 armas en 2005 en Dallas, Texas, para ser introducidas de contrabando a México.

Empero, los documentos interpuestos ante la Corte Federal detallan las actividades de Los Zetas, en especial la contratación, durante la década pasada, de sicarios entre pandillas de Laredo, para la ejecución de al menos seis de personas en Estados Unidos.

Durante todo ese tiempo, “El Talibán” es mencionado como uno de los dos “supervisores” de las operaciones de Los Zetas.

La acusación que menciona a Velázquez Caballero puede dar pie a que Estados Unidos interponga ante México una solicitud para su extradición. Ogz. 2012-09-30 18:40:00. http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=portada&cat=28&id_nota=861812

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