La ya famosa profecía maya, que supuestamente sitúa entre los días 21 y 23 de diciembre el fin del mundo, se originó a partir de una lectura errónea de una inscripción hallada en un panel jeroglífico empotrado en un muro, conocido como el Monumento de Tortuguero, en el Estado de Tabasco, sureste del país.
Ignorancia de la historia causa interpretaciones equivocadas: Alfredo López Austin
Ni desastre ni apocalipsis ni hecatombe. Este viernes 21 de diciembre no ocurrirá el fin del mundo, y no serán los mayas los equivocados, sino las erróneas interpretaciones contemporáneas de quienes pretenden una visión del México antiguo idealizada, con fines supuestamente nacionalistas, turísticos y, sobre todo, aptos para los grandes espectáculos y la mercadotecnia.
Así lo consideran especialistas consultados por La Jornada, quienes, en cambio, proponen que el enorme interés mundial que se ha despertado en meses recientes por los mayas se enfoque a fortalecer la investigación y la difusión, de manera seria, de la enorme labor que realizan quienes trabajan en el rescate y la preservación del patrimonio de esa y otras culturas mesoamericanas.
El historiador Alfredo López Austin explica que algunas de las concepciones del México antiguo pudieron ser verdaderamente admirables, pero eran las suyas, las correspondientes a la cosmovisión por ellos creada y usada.
Tratar de adoptarlas en nuestros días, buenas o malas, es algo anacrónico, ilusorio e inútil.
Para las culturas mesoamericanas, añade, algunos finales de ciclo representaban un riesgo de conclusión del mundo, no obstante, “no hay noticia de que la creencia en este peligro estuviese presente en el fin de la serie de baktunes, que sería el caso que ahora nos plantea la supuesta profecía maya. Otros pueblos, entre ellos el mexica, sí creían en el riesgo de la llegada del fin, pero al terminar un periodo de 52 años. Lo anterior no representa ni riqueza ni pobreza en la forma de enfrentarse al tiempo.
Simplemente era la manera en que lo concebían aquellas culturas”.
López Austin está convencido de que muchos de nuestros errores actuales descansan en nuestra ignorancia de la historia, la cual no es una máquina para fabricar héroes y traidores, sino un medio inapreciable para crear conciencia social. El saber de nuestra historia debe ser profundo, sin idealizaciones ni ingenuidades. O somos conscientes o simplemente nos dejamos llevar por la corriente. O conducimos nuestro destino o nos transformamos en dóciles navegantes, obedientes a voluntades ajenas.
Hace falta un conocimiento profundo
Al criticar la visión del México antiguo idealizada, con fines supuestamente nacionalistas, turísticos y aptos para los grandes espectáculos, el especialista insiste en la necesidad de un conocimiento científico de nuestro pasado, que nos descubra nuestra naturaleza social.
Hemos sido los tradicionales conducidos. Ahora debemos tomar en nuestras manos las decisiones de nuestro propio destino, pues una de las vías indispensables para fomentar nuestra capacidad democrática reside en la ciencia social
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A su vez, el arqueólogo Emiliano Gallaga, responsable del Centro-INAH Chiapas, considera que en el mundo de hoy vemos todo más pragmático y materialista, vivimos al minuto. Las culturas prehispánicas en general, y los mayas en particular, percibían su estancia en el mundo como algo temporal, una transición, un ciclo. La materia, es decir el cuerpo, es lo que muere, pero no el espíritu, de ahí que la celebración del Día de Muertos es tan importante en nuestro imaginario colectivo. Una de las mejores enseñanzas de esas culturas es que debemos preocuparnos menos en el fin del ciclo o en la muerte, y más en el trayecto, es decir, en nuestra estancia en esta tierra.
Gallaga considera importante que las personas se acerquen a su patrimonio, que lo sientan suyo. El INAH puede hacer circo, maroma y teatro difundiéndolo, pero si el público no lo hace suyo, todo ese trabajo de investigación, difusión y preservación no sirve. Por ello, el reto ahora es que nosotros, como académicos, acerquemos a la gente el conocimiento generado, pero de manera accesible al ciudadano común.
Entre los pendientes del instituto para los próximos meses destaca dar continuidad la investigación del patrimonio, fortalecer las áreas de conservación y restauración, hacer accesibles los museos, y priorizar la difusión de todas y cada una de las actividades del INAH.
¿Por qué? Porque la percepción fuera del instituto es que nos dedicamos a frenar el desarrollo del país, de las comunidades y de la gente. Hay que dar a conocer que el INAH no sólo es la institución más antigua en materia de investigación, difusión y preservación del patrimonio en el mundo, sino pionera y vanguardista en estos ámbitos. Pocos países cuentan con un instituto como el nuestro. CON INFORMACION DE MÓNICA MATEOS-VEGA, Periódico La Jornada, Jueves 20 de diciembre de 2012, p. a40. http://www.jornada.unam.mx/2012/12/20/cultura/a40n1cul
El concepto prehispánico del tiempo, la clave para entender la profecía
La idea que las culturas prehispánicas tenían del tiempo como un proceso cíclico frente a la concepción lineal que impera en la actualidad es, según expertos, la clave para entender en qué consiste exactamente la profecía maya del 21 de diciembre y por qué se ha malinterpretado.
“Aquí primero tenemos un problema epistemológico de un mundo como el nuestro que quiere entender un mundo radicalmente distinto como el mundo mesoamericano prehispánico” , afirmó en entrevista con Efe el profesor del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Patrick Johansson.
Los mayas no pudieron vaticinar la llegada del fin del mundo, entre otros motivos porque en su cosmovisión no existía el concepto lineal del tiempo que se utiliza en Occidente, con una mentalidad apocalíptica heredada de la tradición judeo-cristiana.
“En el tiempo occidental partimos de una fecha que podría ser, por ejemplo, el nacimiento de Cristo, y de manera totalmente lineal vamos hacia el futuro (…); en el mundo indígena había ciclos después de los cuales era borrón y cuenta nueva” , declaró.
La ya famosa profecía maya, que supuestamente sitúa entre los días 21 y 23 de diciembre el fin del mundo, se originó a partir de una lectura errónea de una inscripción hallada en un panel jeroglífico empotrado en un muro, conocido como el Monumento de Tortuguero, en el Estado de Tabasco, sureste del país.
En ella, según la traducción de la escritura jeroglífica, puede leerse: “Trece b’aak’tuunes habrán acabado (en el) día 4 ajaw 3 k’ank’iin, ello habrá ocurrido” , en referencia a la finalización, según las creencias mayas, de la era que comenzó en el año 3114 a.C., el 13 “batkun” .
Para el profesor Johansson, aunque ninguno de los pueblos mesoamericanos vaticinó el fin del mundo, sí estaban preocupados por esa idea de naturaleza “universal” , y tuvieron la capacidad de canalizar ese miedo mediante la creación de los llamados “nemontemi” o “días baldíos” , una de las últimas investigaciones del experto.
“El fin del mundo es algo universal, pero los antiguos mexicanos sí tuvieron la sabiduría de poner a cada año cinco días de caos para tener una vivencia caótica antes de regresar al cómputo calendárico normal, y eso permitía drenar toda esta angustia que tienen los hombres desde tiempos inmemoriales” , precisó.
Estos días “que no contaban” se encontraban al final del último mes de cada año, equivalente a un ciclo completo del sol, y durante los mismos se producía un “suspenso” , por el cual aunque “se contaban en términos de cómputo en el calendario, no estaban contemplados en términos astrológicos” , según las últimas indagaciones.
“Por mucho que los mecanismos calendáricos de la temporalidad fueran perfectos, había que insinuar, insertar algunos elementos caóticos, y cada año en los nemontemi o días baldíos había una especie de caos dentro del calendario” , agregó.
De esta forma, durante estos cinco días “no se hacía nada” y “si alguien se tropezaba significaba que se iba a caer el resto de su vida” , en una especie de “resonancia extraordinaria” , por la cual era mejor no padecer ninguna desgracia durante estas jornadas.
“Ellos sentían que durante esos cinco días estaban en el caos primordial. Eso me parece sabio porque evita eventualmente que tengamos que esperar un fin catastrófico del mundo al final de los tiempos, como en el contexto cristiano” , dijo el investigador.
Los que tenían la desgracia de nacer durante los días nemontemi “veían su ser permeado por la vanidad de aquellos días y se convertían en personas vanas” , es decir, “que no pertenecían a ningún tiempo, ni a ningún lugar” , pues ni siquiera tenían “tonalli” , una especie de “entidad anímica del cuerpo humano” , afirmó.
Este elemento de canalización de la angustia por el fin del mundo, es según el experto, solo una prueba más de la importancia que tenía para las culturas mesoamericanas el registro y el estudio del tiempo, un elemento que incluso se veía en el lenguaje, donde las fechas hacían el papel de adverbios de tiempo.
Para la profesora e investigadora de lengua y cultura maya de la Universidad Autónoma de Campeche (UACAM) Cessia Esther Chuc Uc, los mayas prehispánicos tenían la necesidad de calcular el tiempo porque les afectaba en todos los aspectos de su vida, desde las previsiones climatológicos y las cosechas, hasta los conflictos entre tribus.
“El tiempo, si bien es cierto que es matemática pura, también sirvió para tener una estabilidad social y política” , aseguró Chuc Uc, quien agregó que esta necesidad procedía también de la estrecha relación que estos pueblos guardaban con la naturaleza.
“Había que domesticarla (a la naturaleza), porque también representaba una amenaza a la integridad física, por las sequías, las inundaciones (…), de ahí la importancia del cálculo, que está demostrado que alcanzó grandes avances”, precisó. CON INFORMACION DE LA AGENCIA DE NOTICIAS EFE. http://findelmundo.especial.eluniversal.com.mx/2012/12/17/el-concepto-prehispanico-del-tiempo-la-clave-para-entender-la-profecia/