Leyendo «PÚBLICO»

Le han puesto a Zapatero un periódico de Barcelona en Madrid para que pueda desayunarse todos los días ante su espejo. Estaba “El País” demasiado crecido, siempre obtusamente felipista. Y aunque en los primeros años de la nueva era ZP se había mantenido fortificado como “El Alcázar” en su día, inasequible al desaliento, lo cierto es que resultaba ya demasiado complejo para los nuevos lectores logse, las sutiles juventudes autoras del reciente vídeo sobre la Ciudadanía, las masas granhermanas de Milá a Milá, que España es hoy un gran campo de concentración de los Milá brothers.

El diario de Mediapro, al contrario, ha sido concebido para no distraer demasiado a su Público (antes los diarios rojos se dirigían al Pueblo, bien es verdad que ahora lo más parecido a Lenin que tienen es Buenafuente, accionista de la Sexta muy necesitado de público) con alambiques conceptuales. Mucha foto, mucho despiece, muchos sumarios, todo consignas. No se trata de hacer pensar, sino de confirmar los tics previos.

Está dirigido, si se puede decir así, por un auténtico zoquete, Ignacio Escolar, cuya columna del pasado martes, 2 de octubre, sostenía que lo que le pasa a la Monarquía es que El Mundo y la Cope (no decía nada de ABC y La Razón, pero suponemos que formarán parte de la conspiración), en contubernio criptojudaizante, “quieren incendiar España para culpar después al bombero, a Zapatero”. ZP es el que nos ha traído la PaZP, aunque la gente es que es muy burra. La columna llevaba por título “Pirómanos desde la Iglesia”, de cuyos templos, como es notorio, salen por las noches los curas con antorchas a quemar las estatuas del Rey y a violar a las hijas de los progresistas, mientras oledas de monjas de clausura, a cara descubierta y amparadas en su anonimato, atacan con tirachinas de bombas fétidas a las juventudes de la Esquerra y se entregan a orgías de destrucción de portadas del Interviú bañadas en quina Santa Catalina. Esto ha sido bautizado como la “monja-borroka”, que además suena a monja-barroca y queda muy propio.

Si seguimos leyendo, el tufo catalanista empieza a cantar sardanas a partir de la página 4: el Tribunal Constitucional, que ha de juzgar el Estatut, está amañado, como denuncia ERC, curándose en salud y preparando el desacato no vaya a ser que el TC suspenda el desmán del tripartito. El análisis que lo acompaña, ligero y directo como un crochet, firmado por Luz Sanchis, contiene una verdadera joya psicopolítica: la atribución al magistrado Pablo Pérez Tremps de “sensibilidad autonómica”. Los malvados conservadores, sin embargo, aunque eso ya no lo dice la señora Sanchis en su amarga queja contra un Gobierno con “complejos” (de no tenerlos ya habría prohibido a la oposición, se deduce del alegato), han decidido apartar del debate del Estatut a un hombre tan sensible, tras saberse que había cobrado un pastón por informes previos sobre el mismo. No es mala definición de la “sensibilidad autonómica” tan cara, y nunca mejor dicho, al progresismo.

Por su parte, y ya en Opinión, aparece el único artículo que ha de ocuparnos por lo menos cinco minutos, aunque para compensar es una sarta de simplezas reveladoras de dónde estamos. Nada menos que Ignacio Ramonet, el profeta de la izquierda verdadera, el líder castroindigenista de un periódico tan anticapitalista como Le Monde, nos ilustra sobre la crisis de la izquierda, consistente en no haber persistido, suponemos, en los postulados soviéticos –los llama “cuestiones fundamentales”- que tanto bien hicieron al mundo. Por traicionarse a sí mismos y no luchar contra la globalización y “hacerles la cama a las derechas”, Sarkozy se los está comiendo.

Alguien debería explicarle a Ramonet que “el pueblo” se ha ido con Sarkozy por estar exactamente hasta las pelotas de los Ramonet empeñados en salvarlo, sin ofender a su tocayo de Orihuela, el ilustre vendedor de mantas de mi infancia.

Luego, mientras Manuel Saco, con su ídem, asusta a las viejecitas con el partido de Rosa Díez, al que acusa de patriotero y confuso, en la columna “El runrún” se nos advierte de que la represión (fusilamientos y torturas) en el bando republicano no respondió nunca a un plan organizado, sino que los curas y religiosos “sufrieron las represalias de los incontrolados”. Las derechas sí que mataban a mala leche, pero en las checas se hacía sin querer. Esta es la cuota de memoria histórica.

Así que no hay empacho alguno en, como hace Rafael Reig, proclamarse marxista-leninista, como algunos de los mayores asesinos de la Historia, aunque los dueños de “Público” estén superforrados y la Generalitat les haya concedido una subvención de 40 millones de euros (casi siete mil millones de pesetas), que en esto se gastan las perras y no en carreteras. Ya de paso, nos enteramos de que en “Público” no se habla de Toros, semejante españolada.

A partir de ahí, la presencia tripartita comienza a apabullar y “El PP se envuelve en la bandera de España”, Oriol Pujol –hijo de su padre- es “un soberanista con pedigrí y orgullo”, “Jaume d’Urgell: Volveré a colocar la bandera tricolor”, y la guinda, que no podía faltar: los gays federados quieren prohibir un libro de Ciudadanía, que no los considera matrimonio, “aunque son uniones de hecho respetables” según dice la obra homófoba, porque los libros no pueden “negar realidades jurídicas”. Es lo mismo que piensan los ayatolás iraníes y el gran Amahdineyad -aliado de su jefe ZP-, que han negado jurídicamente a los propios gays y, si los pillan, los cuelgan. Pobres homosexuales, toda la vida luchando por la igualdad, por ser personas como las demás, es decir, por que la sexualidad dejara de ser identidad, marca, estigma, para acabar suplantados y anulados por esta payasería, “los maricas, Walt Whitman, los maricas”, a los que tanto despreció Federico.

Léanse «Público», si quieren obtener un retrato fiel del zapaterismo. Es divertido hasta qué punto se pueden reunir todas las supercherías de la progresía y el catalanismo en una sola publicación y en Madrid. Por supuesto, y para rematar, Sebastiá Alzamora, en “Con cedilla”, claro, ataca a Cristina Peri Rossi, a la que acaban de echar de una radio de la Generalitat por no hablar en catalán, y se ha quejado un poquito, porque ha contribuido “al bulo de la persecución del castellano en Catalunya”. Un auténtico bulo, como se ve también por el destierro de la ‘ñ’. Y como “Público” entero, que también es un bulo. Debería llamarse “Búblico”.

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