Otros campos de Castilla. Parte I: Contra la leyenda negra castellana

Otros campos de Castilla. Parte I: Contra la leyenda negra castellana

CONTRA LA LEYENDA NEGRA CASTELLANA

Prólogo del libro
“Otros campos de Castilla”, 2018

ADELANTO DE ESTE LIBRO DE 240 PÁGINAS, QUE SERÁ DISTRIBUIDO A PARTIR DE SEPTIEMBRE, 2018,

Otros campos de Castilla

Volumen I. Contra la leyenda negra castellana

A favor y en contra de Antonio Machado y Rafael Alberti, con Gerardo Diego y García Lorca, siempre

Juan Pablo Mañueco

LA LEYENDA NEGRA CASTELLANA:
SU ORIGEN, DESARROLLO
Y TRIUNFO COMPLETO.

Sus efectos sobre el abatimiento y el provincialismo –no regionalismo- castellano y sobre el modo de vencer esa mala imagen de Castilla en el exterior y entre los propios castellanos

Volumen I. Contra la leyenda negra castellana

A favor y en contra de Antonio Machado y Rafael Alberti;
con Gerardo Diego y García Lorca, siempre

ANTONIO MACHADO ES UNA CUMBRE de la poesía del siglo XX. Su visión de Castilla se ha transformado casi en única sobre esta tierra. Y en esta afirmación que acabo de efectuar sobre el autor de “Campos de Castilla” lo relevante es el posesivo “su”: la visión de Machado, convertida en quintaesencia sola y excluyente de cualquier otra de la tierra castellana.

Siendo así que es la de un personal poeta. Que ha habido otras muchas visiones de lo castellano, a lo largo de la historia, coetáneas a la del vate sevillano, y también posteriores a él. Y siendo así, por último, que la Castilla de Antonio Machado apenas se refiere a la ciudad de Soria y sus alrededores. Y que este título hubiese sido credencial más adecuada para el contenido de su libro: “Campos de Soria y alrededores”.

Sólo una excursión a los picos de Urbión y a la Laguna Negra se aleja del perímetro descrito. Más una breve referencia a la Sierra de Guadarrama, vista desde Madrid, y a “la mujer manchega”, que finalmente comprobamos que se trata de una elucubración literaria sobre Dulcinea del Toboso.

No hay más campos de Castilla en “Campos de Castilla”. Ni más ciudades, ni más villas, ni más referencias históricas, ni más ámbitos que los descritos: Soria.

Una Soria, la capital de provincia más pequeña de España en tiempos de Machado, en declive económico absoluto, por las causas de cuya decadencia Machado no se interrogó en ningún momento, desde un esplendoroso pasado económico y demográfico en siglos anteriores.

Una Soria –y una Castilla la Vieja, por extensión- por la que no había sentido ninguna atracción hasta ese momento y a la que llegó no por interés especial, sino porque era la plaza más cercana a Madrid a la que su número de opositor como profesor de francés le permitía acceder.

Madrid, la gran ciudad y corte, con sus ambientes literarios, sí le atraía. En ella había vivido durante los veinte años –“mi juventud, veinte años en tierra de Castilla”– que mediaban entre su marcha de Sevilla (1883, con ocho años de edad) y su necesidad de ponerse a trabajar –sobrepasados ya los treinta años-.

Para ello opositó en 1907 a lo que permitía su menguado currículum académico, profesor de francés en Institutos de Segunda Enseñanza, para lo que no se necesitaba en su época título de Licenciado, que Antonio Machado no poseía.

En Soria conoció a Leonor Izquierdo, ciertamente. Una niña de trece años ante un hombre mucho mayor, que pasaba de los treinta. Y con ello Antonio Machado se abrió al amor.

Pero la prematura muerte de Leonor (1912), convertida ya en su mujer (1909), hizo que Antonio Machado abandonara definitivamente la pequeña ciudad de Soria, de apenas siete mil habitantes en su época. Nada le retenía ya en aquella ciudad o tierra.

Repitámoslo, Antonio Machado es una cumbre de la poesía del siglo XX. Y debemos reiterar su condición de espléndido poeta porque la sacralización de Antonio Machado y su identificación absoluta con Soria (y con la tierra que apenas tocó, Castilla, pese al título de su afamado libro) hará que suene a sacrilegio lo que se está diciendo y lo que va a decirse a partir de ahora, en los oídos de sus devotos, fervorosos e incondicionales admiradores, que son legión, enjambre y muchedumbre.

Sobre todo, si se toca el tema literario de Castilla; entonces el nombre de Antonio Machado surge de inmediato, enseñoreándolo todo.

La visión de Soria (más bien que de Castilla) de Machado no es la única, pero sí la única que se difunde masivamente

LO QUE AQUÍ SE ESTÁ AFIRMANDO es algo tan evidente, pero que por diferentes razones es necesario subrayar y resaltar, como esto: Soria (y mucho menos la no tratada espacial o geográficamente por él Castilla) no se agota en la obra de Antonio Machado.

Pero a menudo lo parece, en el imaginario colectivo de multitud de españoles y castellanos de nuestros días, por las causas que más adelante analizaremos.

Antonio Machado ha triunfado de tal modo que excluye y extirpa del concepto de lo “castellano” todo cuanto no esté en Campos de Soria -perdón en “Campos de Castilla”-, anulando cualquier otra visión distinta a la suya.

Machado convierte su personal visión de Soria -perdón su interpretación de “Castilla”-, en la única concebible por el castellano y el español medio, con exclusión de todas las posibles Castillas restantes.

Un campazo yermo, seco, pardo, llano y desarbolado, o a lo sumo con un árbol aislado, sería inmediatamente titulado como “Castilla” en una exposición pictórica o fotográfica y propuesto en toda editorial para ser portada de cualquier un libro acerca de Castilla y desde luego, para reeditar los “Campos de Castilla” machadianos.

En cambio, una montañosa, agreste, nevada, escarpada y picuda cumbre o conjunto de picos de la serranía de Gredos nunca sería titulada como “Castilla”, sino como “Gredos”.

¿Nos damos cuenta de lo que eso significada? El triunfo de una sola visión de Castilla sobre todas las demás, a las que relega, descarta y expulsa del concepto, en la mente de los organizadores de exposiciones pictóricas o fotográficas, de diseñadores gráficos y editores. En la mente de la casi totalidad de los españoles de nuestros días.

El reduccionismo machadiano, aún más menguado por sus seguidores

LA MENGUA POSTERIOR DE LA ya de por sí restringida Castilla machadiana ha seguido afectando a la imagen literaria de Castilla… Si nos fijamos en la portada original de “Campos de Castilla” de 1912 se aprecian en ella aún algunas cuestas y cuatro o seis árboles.

Pero en una portada actual de “Campos de Castilla” ya no existen cuestas ni árboles… Planicie completa. Árida y otoñal, para que ni el cereal haya sido sembrado ni mucho menos nacido, verdeando como esmeraldas emergentes de la tierra. Deforestada. Un árbol a lo sumo, y en invierno, es decir, deshojado. Dos árboles -incluso sin hojas por invernales-, ya serían multitud para los vigentes intérpretes de la Castilla machadiana, mucho más radicales o simplificadores que la versión original.

La Castilla varia y alegre de Gerardo Diego

GERARDO DIEGO, EL POETA SANTANDERINO, llegó a Soria ocho años después de la partida de Antonio Machado, en 1920, como catedrático de Lengua y Literatura, en el Instituto General y Técnico, hoy llamado Instituto “Antonio Machado”.

Su visión de la ciudad y provincia castellana es más amplia, alegre, risueña, festiva, luminosa y juvenil que la del poeta sevillano… Diferentes perspectivas y mentalidades. Diferentes edades. Gerardo Diego había nacido en 1896, de forma que el Desastre del 98 no estaba en su biografía consciente cuando inició su carrera literaria. En consecuencia, diferentes Sorias.

Y también diferentes Castillas, a cuyas provincias –no solamente a la soriana- sí enaltece Gerardo Diego, sintiéndolas como propias. El poeta santanderino considera que está en su propia tierra –en Castilla la Vieja- al llegar a Soria, y a las otras provincias castellanas que poetizó.

Por el contrario, esas otras provincias castellanas constituyen tema inédito para Machado, como decimos. A pesar del título de su único libro relativo a esta tierra, no hay más Castilla en la Castilla de Machado que la de Soria.

Oigámoslo en las propias palabras del porta castellano montañés, sin duda el bardo que más extensamente cantó a Castilla, que a más provincias castellanas se refirió, que más duraderamente lo hizo, en años y libros, que más variadamente y con tono más alegre, jovial, placentero y risueño la versificó y además desde fuera de la línea de la leyenda negra decimonónica y del pesimismo generacional del 98.

Se apreciará que en esta serie de calificativos sólo falta el de mejor poeta castellano y sobre Castilla del siglo XX. No se incluye este epíteto porque es relativo, va en gustos y puede herir sensibilidades, dada la sacralización a la que el sistema educativo ha elevado a Machado en este punto… Pero también tendrá claro el lector a quién le otorgaría y le otorgo yo dicho título, menos medible y comprobable que el resto de los apelativos que en el párrafo anterior se le han adjudicado, y que son comprobables.

Dejemos que se exprese por sí mismo el lírico montañés castellano:

“Nací en la verde Montaña. ¿ Qué de extraño tiene que la naturaleza inunde mi poesía?. Fue a la orilla del Sardinero: allí, desde mi más tierna infancia, aprendí a percibir la suave brisa del mar rizador del verde tapiz de las alturas.

Mi vida transcurrió por tierras adentro de Castilla: Soria, Santander y Madrid.

Bella conjunción de tres fuentes que beben de la misma esencia: mi castellanía.

Si Santander me dio la cuna y la palabra, Soria me cautivó para siempre. Cantabria y Numancia enlazadas: el mar de Castilla, junto al mar de tierra.

Tus ríos, Castilla, son mi perpetuo romance, Júcar, Nansa, Duero, álamos del Arlanzón, olmos de Arlanza…

Tus cumbres, donde se desvanece toda pesadumbre: Urbión, Peña Cabarga, Sierra Cebollera.

Tus pueblos, tus ciudades: Reinosa, Medinaceli, San Juan de Rabanera, Silos.

Mi vida, pues, no es sino música, historia, geografía.”

“Castilla, libro del milenario de la lengua”. Federico Pérez. Burgos. 1979.

PARTE I de «Contra la leyenda negra castellana», prólogo ensayístico de «Otros campos de Castilla», Juan Pablo Mañueco, 2018.

Continuará hasta 61 páginas iniciales del libro.

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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