
Ayer comenzó en Alcalá de Henares el I Congreso sobre la Familia que celebra la diócesis en su joven historia. Tras su inauguración a cargo del obispo local, Jesús Catalá, los cerca de 400 asistentes que allí nos concentramos escuchamos una interesante conferencia del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, que giró en torno al matrimonio.
El prelado gallego inició su alocución afirmando que “nunca en la historia de la civilización ha sido necesario aclarar el concepto de matrimonio”, siendo “en estos últimos años” cuando se ha iniciado su cuestionamiento por parte de la llamada “teoría del género”, que él mismo calificó como “filosóficamente insostenible, más cercana a lo ideológico o lo político”. Para el cardenal, siempre han existido diversas “variaciones” dentro del “núcleo básico” que implica el matrimonio, tales como “la poligamia” en la cultura islámica, o la “disolución de la unión”, siendo su caso más extremo el “repudio”, que tantas veces apareció ya en el Antiguo Testamento. “Pero -reiteró- lo que nunca se discutió es que es la unión estable entre un hombre y una mujer”, estando además “ordenada esa unión hacia la apertura a la vida y al amor mutuo”.
Como explicó Rouco Varela, “la teoría del género se basa en la idea de que el sexo, la condición masculina o femenina, no es algo que viene dado, sino que se elige”. De ahí que se hable de una “unión de cónyuges, independientemente de si lo conforman o no un hombre y una mujer”, lo que implica “caer en la banalización”. “Y cuando la ética falla, falla todo”, sentenció.
En este sentido, aclaró que él prefiere “no hablar de familia tradicional”, sino simplemente de “la familia”, “pues sólo hay una”. Tras calificar este cambio en el concepto de matrimonio como una auténtica “revolución cultural”, desglosó la evolución histórica que se ha seguido hasta alcanzar esta situación. Para él, “todo comenzó con Lutero”, pues fue “el primero” que cuestionó el matrimonio “al negar su carácter sagrado”, aunque “sí mantuviera que era algo instituido por Dios”. “El siguiente paso se dio con la Ilustración”, que ya “negó su carácter trascendente, alejándolo de la voluntad de Dios”. “El tercer hito llegó en el siglo XX con las ideologías soviética y nacional-socialista, que pusieron el matrimonio y la familia bajo el total control del estado”. “Afortunadamente -afirmó-, se trató de experimentos que duraron poco, pues resultaron un desastre imposible de mantener”, ya que al fin y al cabo, “los hijos quieren estar con sus padres y los matrimonios se necesitan mutuamente”.
Para el cardenal de Madrid, “el último paso llegó con la píldora”, que otorga “la falsa sensación” de mantener relaciones “naturales y plenas”, pero “negándose deliberadamente a la procreación”. A su juicio, esto lleva a “manejar la familia a nuestro gusto, sin tener en cuenta la ley de Dios”, por lo que la donación “ya no es plena”.
Rouco Varela concluyó su discurso reiterando que “ahora el hombre ocupa el lugar de Dios en todos los aspectos de la vida”, siendo “el instrumento humano” más poderoso en este sentido “el propio estado”. “El poder del hombre y de los estados es inmenso, ¿hasta dónde podemos llegar?”, se cuestionó. Con tono escéptico se auto respondió y recordando el potencial nuclear de muchos países, alertó que “ese poder es tal que podría incluso llegar a destruir la Tierra”.
A continuación citó a Benedicto XVI, recordando que su carácter “tranquilo y optimista” no le impidió acuñar el término ‘Dictadura del Relativismo’. Con él, según Rouco, se refiere a que tiene que haber “instancias éticas no discutibles por nadie”, como la “familia y el matrimonio”.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
