
Hoy, 27 de agosto de 2009, ha muerto Joaquín Ruiz-Giménez. Tenía 96 años. Casi un siglo de compromiso con su fe y con la sociedad, española y mundial. Los católicos no podemos dar suficientes gracias por su existencia. Para mí, fue el principal político significadamente católico en nuestro país… en todo el siglo XX. No una centuria cualquiera. Dos repúblicas, dos dictaduras, una Guerra Civil y una muy meritoria transición a la democracia. En muchos de esos episodios él fue un personaje destacado. En claro compromiso con su forma de entender el mundo.
Sí, fue ministro con Franco, como ahora muchos recuerdan. De 1951 a 1956. Y lo fue de Educación, al igual que otro pro-hombre, Pedro Sainz Rodríguez, quien desempeñó tal cartera en los inicios del régimen. Por cierto, recomiendo el grandísimo libro ‘Don Juan’, de Luis María Anson, en el que el periodista muestra desde dentro cómo el Conde de Barcelona luchó por la democracia y la igualdad entre todos los españoles. Al igual que Cánovas del Castillo impulsó la restauración de la Monarquía en Alfonso XII, Sainz Rodríguez fue el hombre clave en el camino que buscó llevar a Don Juan de Borbón al lugar que merecía. No lo logró, pero ayudó, y mucho, a que el elegido fuera su hijo Juan Carlos.
Sería muy triste que más de uno, que pudiera desconocer quién era Ruiz-Giménez, al escuchar la noticia de su muerte, se quedara con el único dato de que fue ministro con Franco. Entre otras cosas, porque no fue lo que hoy entendemos por franquista. En absoluto. Así, fue cesado en el gobierno por dar espacio propio a autores no excesivamente proclives a la dictadura. Fue un hombre de Cultura, un intelectual. Doctor en Derecho y licenciado en Filosofía y Letras. Director del Instituto de Cultura Hispánica (1946-1948). Y, sobre todo, fundador en 1963 de la revista ‘Cuadernos para el Diálogo’. La gran plataforma en la que, de un modo analítico y profundo, numerosos pensadores reclamaban el retorno de la democracia. Con Franco aún a 12 años de la muerte. Sí, Ruiz-Giménez fue un luchador por la democracia.

Y un hombre de Iglesia. De profundo amor a la Iglesia. Laico, casado y con once hijos, fue embajador de España ante la Santa Sede (1948-1951), colaborando activamente en los trabajos que culminarían en 1953 con la firma del tan buscado Concordato. Pero, más que diplomático, fue político activo. Comprometido. Pese a que en España jamás hubo una verdadera Democracia Cristiana, al contrario de lo sucedido en Italia, todo lo que pudo ser (o llegar a ser), fue él. Aunque fracasara. Sí, fracasó en las elecciones de 1977, las primeras desde 1936, cuando lideró Izquierda Democrática. Fracasó y dimitió, en claro respeto a la voluntad de los electores. Pero es que lo más importante lo había hecho antes, cuando era una voz permitida en una dictadura, hablando por quienes no podían hablar. Comprometido con el Concilio Vaticano II (ocupó varios cargos vaticanos, tanto con Juan XXIII como con Pablo VI, participando en comisiones del Concilio y formando parte del Consejo de Laicos, órgano muy significativo de los nuevos tiempos que entonces corrían), vio muy claro que Iglesia y Estado debían de estar separados. Lo cual no quería decir que un católico no pudiera participar activamente en la conformación de su sociedad. Él lo hizo hasta el final. Fue el primer Defensor del Pueblo, entre 1982 y 1987. Con el PSOE de Felipe González. Él, que fue ministro con Franco…
Los últimos años de su vida los empleó en la defensa de los derechos humanos. Presidente del Comité Español de UNICEF, presidente del Club de Amigos de la UNESCO, vicepresidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado… Ya antes había presidido la Comisión Nacional de Justicia y Paz y había sido miembro destacado en el Instituto Internacional de Derechos Humanos.
El cardenal Tarancón, pese a las críticas de algunos, fue el hombre de la Iglesia en España en su momento culminante del pasado siglo: la implantación del Concilio, en lo eclesiástico, y la transición de la dictadura a la democracia, en lo social y político. Hoy se ha ido otro gran hombre de la Iglesia en nuestro país. Laico. Comprometido. El político católico más importante de la pasada centuria. Con sus éxitos y fracasos. Consciente de que su gran triunfo fue luchar por la verdadera España católica: la que no se impone.
Descanse en paz, don Joaquín Ruiz-Giménez.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
PD. Y de la gran a la pequeña política, la de la gente. Me acabo de enterar de que, en su día, la madre de Mari, mi Dulcinea, escribió al ilustre Defensor del Pueblo, don Joaquín Ruiz-Giménez, para pedirle que le ayudara en un asunto propio. Nuestro personaje no tardó en cumplir con su función práctica y solucionó lo que era un mal funcionamiento de la autoridad pública. Para eso están los políticos. Aunque eso no lo entiendan hoy muchos politicastros, que del servir sólo se quedan con el ser servidos.
