Pedro Sánchez, Mariano Rajoy y «The Observer»

(Paul Monzón).– Han sido dos horas de un debate surrealista que está dando mucho que hablar. Para empezar, lo primero: este lunes los titulares de los periódicos serán de todo calibre, tanto a favor de Rajoy o en contra. Hablarán de ganador o perdedor, o patatín y patatán…

Segundo: Si tras el debate haz hecho zapping por los principales canales de televisión habrás notado que cada uno da ganador a quien le viene en gana.

Tercero: Sobre este tema de votaciones me parece –espero que no- un tongo. Se supone que miles de personas llaman a un 905 u otro teléfono de pago para dar su voto. Y yo me pregunto si es que con esta bendita crisis habrá dios que llame y se gaste un pastizal para contar memeces. Puede que algún fan acérrimo se gaste los cuartos, pero que miles de españoles lo hagan como poseídos, lo dudo.

Tengo pocos amigos, pero muchos conocidos, y no sé de ninguno al cual alguna vez estas grandes encuestadoras les hayan llamado para pedirles opinión. Hasta me suena a leyenda urbana que existan encuestadoras jajaja.

Volviendo al debate surrealista, sólo puedo hacer hincapié en algo que todos los medios de comunicación pro Rajoy o anti Rajoy han pasado de largo. Se han centrado en el epíteto con el cual Sánchez le tildó: “Usted no es decente” y la posterior respuesta de éste: “Es usted ruin y miserable”. Y es lo siguiente:

Las descalificaciones llegaron tras el ataque de Sánchez a Rajoy sobre el famoso sms “Luis, aguanta, ¡sé fuerte!”, mensaje presuntamente enviado por el candidato del PP a su entonces amigo y correligionario Luís Bárcenas, hoy vilipendiado y apestado en el Partido Popular.

Ese mensaje de apoyo al entonces tesorero del PP cuando reventó el “Caso Bárcenas” fue un escándalo que le estalló en la cara y aún hoy le persigue, cual estigma.

Yo no sé si sus palabras calificativas hacia Rajoy sean buenas o malas. No soy quién para juzgar. Lo que sí sé es que forman parte del «arte de la política» donde todo vale, y más aún cuando se trata de hacer daño al oponente cueste lo que cueste.

Quiera o no, Rajoy ha perdido la ocasión de contar su verdad sobre el caso Bárcenas y quitarse de una vez esa losa pesada que lleva sobre sus espaldas. Pero no lo ha hecho. Ha preferido enzarzarse con el candidato socialista.

Esta noche, aunque todos los estómagos agradecidos y palmeros de turno le hagan la ola al actual presidente, una cosa es cierta: el golpe que le ha propinado Sánchez va a traer cola en cuanto a la captación de votos. Tras el debate miles de indecisos puede que hayan decidido su voto. Y me temo que no a favor de Rajoy.

He visto desde hace un par de décadas unos cuantos debates por televisión, y debo decir que éste es para olvidar. Nadie va a recordar todo lo que se dijo y lo que no se dijo la noche de este 14 de diciembre, sino todo ese intercambio de descalificaciones y acusaciones, con callada presidencial incluida, sobre temas de corrupción. “El que calla otorga”, este dicho español es muy sabio.

Y para finalizar, que sirva de anécdota la testimonial participación del periodista Manuel Campo Vidal quien se encargó de “moderar” el debate. Esta noche me recordó a Francesc Satorra, dirigente del FC Barcelona, bautizado en las redes sociales como ‘The Observer’, por su mirada impasible mientras el ex entrenador del Real Madrid, Mourinho, le metía un dedo en el ojo al finado Tito Vilanova durante una tangana entre los merengues y el Barza.

Campo Vidal podría haberse quedado en su casa viendo por televisión el debate y nadie le hubiera echado de menos.

Rajoy, mal que le pese, no es bueno para debatir. Zapatero le hizo añicos y le venció, con cachondeo incluido, cuando se enfrentaron hace años. Sólo pudo vencer el 2011 al entonces candidato del PSOE, Rubalcaba, un tanto penoso y dubitativo.

Quizá aconsejado o no, el candidato del Partido Popular hizo bien en no fajarse frente a Albert Rivera, Pablo Iglesias y su hoy contendiente Pedro Sánchez en el pasado debate a cuatro organizado por el diario El País.

Porque si esta noche Sánchez le ha clavado varias banderillas, lo más probable es que en ese debate los demás candidatos a la presidencia de España le hubieran clavado no una, sino varias estocadas…mortales.

Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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