¿El momento de los halcones de la inflación?

¿El momento de los halcones de la inflación?

(David Ignatius).- No hay que ser un “sabueso de la inflación” para sospechar que se avecina una colisión entre la política fiscal y la política monetaria: la administración Obama pretende vender esta semana su plan de estímulo de 787.000 millones de dólares y está inventando ambiciosos planes de rescate para General Motors y la reforma de la sanidad. Mientras tanto, la Reserva Federal teme el impacto inflacionario potencial de todo este gasto — y está pensando en el momento de pisar el freno.

Los bond vigilantes, como se les conoce, proporcionan un valioso diagnóstico de las circunstancias reales: examinan con lupa las colosales necesidades financieras del Tesoro a lo largo de los próximos años y perciben un considerable riesgo de inflación. De manera que se abstienen de adquirir títulos nuevos de deuda pública a menos que reciban un incentivo más rentable que les compense el riesgo de inflación. Durante las últimas semanas, los analistas han estado recordando la burla de James Carville en 1993 diciendo que si se fuera a reencarnar, «Me gustaría reencarnarme en mercado de deuda. Se intimida a todo el mundo.”

Los mercados financieros funcionan siempre en ciclos, ciertamente, anticipando la próxima crisis al mismo tiempo incluso que se recuperan de la última. Pero parece que nos acercamos a uno de esos puntos de inflexión en el que las políticas que fueron esenciales en una fase del ciclo pasan a ser peligrosas en el siguiente.

Hablando en plata, los mercados de deuda están preocupados por el desequilibrio entre oferta y demanda: a causa de todo el gasto público en rescates, hay una colosal oferta de nuevos títulos de deuda pública con los que financiar la deuda. La demanda de estos títulos es escasa, de forma que los precios de las letras caen — elevando la rentabilidad. El beneficio de las letras públicas a 10 años casi se duplicó durante el último año, desde un mínimo de 2,078 hasta el máximo de 3,889 el lunes. Pero al subir estos tipos de interés, se corre el riesgo de estrangular la incipiente recuperación económica.

Esta compresión financiera es la desafortunada consecuencia de registrar un déficit estimado de 1,8 billones de dólares este año. Para tener una idea de lo que significa esa cifra, equivale al 13% del producto interior bruto más o menos — o a cuadriplicar el cociente de deuda frente a PIB pre-crisis a grandes rasgos.

Sólo esta semana, el estado necesitará recaudar 65.000 millones de dólares a través de títulos nuevos, según estimaciones de la Reserva. Entre el presente y el final del ejercicio fiscal el mes de octubre, el total en financiación nueva será por lo menos de 1 billón de dólares. Y durante los cinco años próximos, la emisión de nueva deuda pública alcanzará probablemente los 3,8 billones de dólares adicionales.

¿De dónde va a salir ese dinero? El presidente de la Reserva Ben Bernanke insistía en una vista en el Congreso la semana pasada que él no va a ponerlo en circulación simplemente. “La Reserva Federal no va a convertir en divisa la deuda pública,» decía a un panel de la Cámara. “O recortar el gasto (o) subir los impuestos va a ser imprescindible para estabilizar la situación fiscal.”

La masiva deuda federal, al margen de lo necesaria que sea para enfrentar la recesión, está inquietando a muchos expertos financieros. Su voz en la Reserva ha sido Richard Fisher, un ex gestor de fondos de protección que preside el Banco de la Reserva Federal de Dallas. En un reciente discurso ante gestores del mercado monetario, discutía los problemas de deuda que tiene el gobierno, que describía como «una amenaza presupuestaria inminente para nuestra prosperidad económica a largo plazo.”

Fisher advertía en su discurso que además de todo este nuevo endeudamiento del estado, está la colosal proyección de derechos sociales sin financiación, como la seguridad social o Medicare, cuyo valor actual estimaba en 104 billones de dólares. Eso es más o menos 20 veces el tamaño de la deuda nueva que el Tesoro va a sumar entre 2009 y 2014, estima Fisher.

Éstas son cifras muy grandes. La respuesta estándar de los países castigados por la deuda — acelerar la emisión de dinero — «no se puede tolerar que suceda en América,» dijo Fisher.

Reserva y Tesoro daban imagen de estar en rumbo de colisión en marzo, cuando el Open Market Committee anunciaba que financiaría hasta 300.000 millones de dólares en títulos de deuda pública, a pesar de las protestas de halcones de la inflación como Fisher. Pero la fácil (y potencialmente inflacionaria) alianza podría estar tambaleándose. Las contundentes declaraciones de Bernanke la pasada semana acerca de no estar dispuesto a convertir deuda pública sugieren que no está de humor para llevar mucho más allá el plan de compra de 300.000 millones de dólares en títulos.

No hay opciones simples mientras empezamos a salir a tientas de la recesión. Si los políticos toman la medicina administrada por Bernanke, podemos contar con tipos de interés modestamente elevados, impuestos más elevados y gasto público reducido. Si los políticos se saltan la dieta de austeridad de Bernanke, podemos contar con una inflación más elevada, un dólar en caída libre y unos tipos de interés acusadamente más altos. La recesión ha sido dolorosa, pero la recuperación no va a ser un camino de rosas. El problema del endeudamiento es que cuesta dinero.
© 2009, Washington Post Writers Group

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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