«El discurso de Obama será recordado como una degradación de la historia de la humanidad»

"El discurso de Obama será recordado como una degradación de la historia de la humanidad"

(Anne Bayefsky).- El discurso en El Cairo del Presidente Obama fue el equivalente a un terremoto – una distorsión de la historia, un insulto al pueblo judío, y el abandono de los mismos derechos humanos de las víctimas en los mundos árabe y musulmán. No es de extrañar que los árabes y musulmanes en posición de pronunciarse se mostraran entusiasmados. Más sorprendente es que los críticos estadounidenses elogien el discurso por su destreza política, en lugar de condenar su traición de proporciones históricas.

Obama equiparó el Holocausto con el “desplazamiento” de los palestinos. En sus propias palabras: “El pueblo judío fue perseguido… antisemitismo… que culminó en un Holocausto sin precedentes… mataron a seis millones de judíos… Por otro lado, es también innegable que el pueblo palestino – musulmanes y cristianos – ha sufrido en busca de una patria.” Este paralelismo se reduce en el fondo a la narrativa árabe ficticia de que el asesinato en masa deliberado de seis millones de judíos por el delito de ser judíos es lo mismo que una violación de los derechos palestinos encabezada por los judíos.

Dirigiéndose desde un país árabe a los árabes y los musulmanes, Obama señaló la autoría europea del Holocausto – “El antisemitismo en Europa culminó en un Holocausto sin precedentes.” En otros contextos, el énfasis europeo sería una curiosidad. En Egipto no fue ninguna casualidad. La narrativa árabe ha sido siempre que los árabes son obligados a sufrir la creación de Israel por un crimen europeo.

De hecho, los anfitriones egipcios de Obama se habrán sentido muy familiarizados con el antisemitismo árabe durante la Segunda Guerra Mundial (y más allá). Después de todo, Obama pronunciaba un discurso en el país que aprendió y más tarde acogió con satisfacción al gran muftí Haj al-Husseini como un héroe nacional. Este fue el hombre que pasó los años de la guerra en Berlín en calidad de huésped de Hitler facilitando el asesinato de judíos.

Obama pensó que manifestaría su neutralidad hacia Israel pregonando a los cuatro vientos el viaje del viernes al campo de concentración y rechazando la negación del Holocausto. En este contexto, sin embargo, la maniobra destinada a congraciarse con los judíos dio imagen de ser oportunismo político cínico, en especial momentos después de haber comparado el Holocausto con “el sufrimiento” y “el dolor” de los palestinos “durante más de 60 años.” Después de todo, el presidente no hizo ninguna referencia emotiva al “sufrimiento” “intolerable” de las víctimas israelíes del terror árabe “durante más de 60 años.” La palabra “terrorismo” nunca salió de sus labios. Lejos de alentar la lucha contra el terror y el antisemitismo que lo alimenta, tales maniobras alientan más odio y violencia contra los israelíes.

En lugar de eso, Obama buscó la aprobación árabe y musulmana trazando una equivalencia moral entre los que han rechazado a Israel por principio (y todavía buscan su destrucción absoluta o “el derecho de retorno” previsto para poner fin a la mayoría judía) y los judíos que los han mantenido a raya desde el 14 de mayo de 1948. Según sus palabras: “Se ha llegado a un punto muerto: dos pueblos con aspiraciones legítimas, cada uno con una historia dolorosa… Es fácil buscar culpables — para los palestinos señalar el desplazamiento provocado por la creación de Israel, y para los israelíes señalar la constante hostilidad y ataques.” Llamar “un punto muerto” al conflicto árabe-israelí supone una omisión abismal de la realidad histórica. El estado moderno de Israel emergió tras el plan de partición aprobado internacionalmente de noviembre de 1947 que habría creado dos estados, uno árabe y otro judío; este plan fue aceptado por los judíos y rechazado por los árabes. Un pueblo siempre ha estado dispuesto a vivir en paz y el otro ha elegido la guerra en 1948 y 1956 y 1967 y 1973 y 1982, y relanzó el terrorismo tras cada derrota.

Falto del conocimiento más básico del judaísmo y la historia judía, Obama afirmaba que “las aspiraciones a una patria judía tienen su origen en una historia trágica que no se puede negar,” porque “por todo el mundo, el pueblo judío fue perseguido durante siglos.” Una patria judía en Israel no tiene su origen en la tragedia ni en siglos de persecución por todo el mundo. Está arraigada en la relación prodigiosa, indisoluble y espiritual con la tierra de Israel y con Jerusalén durante miles de años. Acompañadas del énfasis del presidente en “la responsabilidad europea” por el Holocausto, sus palabras refuerzan la mortal creencia en que Israel es la criatura de judíos extranjeros trasplantados.

La colosal ofensa de Obama a Israel y el pueblo judío fue más allá. Los israelíes han llegado a ocupar territorio en respuesta a las guerras de aniquilación iniciadas por los árabes, pero Obama equiparaba “las humillaciones cotidianas de los palestinos… que conviven con la ocupación” con “la humillación de la segregación” de los esclavos negros en América y “la autoridad moral” de “los pueblos de Sudáfrica.” Su audiencia árabe entendió que el presidente de los Estados Unidos acababa de dar su aprobación a la difamación más contundente del estado judío hoy — la alegación de que Israel es un estado racista practicante del apartheid.

Tras expresar su creencia en una equivalencia moral entre las aspiraciones de los palestinos y las aspiraciones de las víctimas del esclavismo y el apartheid, Obama superponía el reconocimiento por su parte del «derecho a existir» de Israel con su afirmación de que “los Estados Unidos no aceptan la legitimidad del asentamiento israelí continuo.” Cada palabra de su discurso estuvo cuidadosamente sopesada. No fue por tanto ningún error que por primera vez un presidente de los Estados Unidos haya negado la legitimidad de los asentamientos israelíes, sin excepción. Tal declaración anula cada uno de los acuerdos entre árabes e israelíes, que siempre han dejado la decisión final de cuáles asentamientos se quedan o se van en manos de un proceso de paz bilateral y negociaciones finales. Hasta la hoja de ruta reza: “Fase III: Acuerdo de Estatus Permanente y Fin del Conflicto Palestino Israelí… una resolución final del estatus permanente… en las fronteras, Jerusalén, los refugiados y los asentamientos.”

Además, la idea de que los judíos tienen prohibido vivir en cualquier territorio designado como parte de un futuro estado palestino significa solamente una cosa: Que Palestina practica el apartheid. El 20% de la población de Israel, 1,5 millones de personas, es árabe (con más derechos democráticos de los que tienen en ningún estado árabe). Pero la noción de cualquier presencia judía en territorio palestino es supuestamente una abominación. ¿Por qué debe significar “Judíos no” cualquier transferencia futura de la autoridad gubernamental?

A juzgar por el discurso de Obama, sólo cuenta un “desplazamiento.” Tras equiparar el Holocausto con “el dolor del desplazamiento” palestino, pasó por alto por completo el desplazamiento de los 800.000 refugiados judíos de todo el Oriente Medio árabe en respuesta a la creación de Israel.

Los refugiados judíos de la intolerancia árabe no fueron las únicas bajas en materia de derechos humanos que el Presidente eligió omitir. En tres momentos diferentes Obama defendió el derecho de la mujer musulmana a ocultar su cuerpo. Ni una sola vez mencionó el derecho de las mujeres musulmanas a descubrir su cuerpo — un derecho negado bajo arresto o pena capital por las mismas comunidades a las que él se estaba dirigiendo. En nombre de “la libertad religiosa” eligió “celebrar esfuerzos como el diálogo interreligioso del rey saudí Abdalá.” El gobierno saudí tipifica como delito la práctica en público de cualquier religión que no sea el islam. Esta fantasía prefabricada de derechos humanos ha hecho un desastroso servicio a los oprimidos por todo el mundo árabe y musulmán.

El discurso egipcio cuidadosamente planificado y ejecutado del Presidente Obama marca el punto más bajo del conocimiento y el aprecio de la presidencia estadounidense al pueblo judío, su historia y el futuro de su pueblo. Sumado a la evidente debilidad con Irán, el discurso del 4 de junio de 2009, pronunciado por el líder del mundo libre supuestamente, será recordado como una importante degradación de la historia de la humanidad.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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