La estrategia israelí reconfigura el poder local en Gaza

Israel reconoce que arma en secreto a clanes y mafias de palestinos en Gaza para debilitar a los terroristas de Hamás

Israel admite entregar armas a clanes palestinos rivales de Hamás mientras crecen las denuncias sobre el desvío de ayuda humanitaria y la proliferación de mafias armadas

Fusiles AK 47, Kalasnikov (1)
Fusiles AK 47, Kalasnikov. PD

Este sábado, 7 de junio de 2025, la política israelí en Gaza ha tomado un nuevo giro.

El propio primer ministro Benjamin Netanyahu ha reconocido públicamente que Israel está armando y apoyando a clanes palestinos y grupos delictivos opuestos a Hamás en la Franja.

Esta revelación, que hasta ahora solo circulaba como rumor o denuncia de la oposición, marca un punto de inflexión en el enfoque de seguridad y control del enclave costero.

La medida busca debilitar la hegemonía delos terroristas Hamás sobre la Franja y reducir el costo humano para las tropas israelíes, pero ya está generando consecuencias imprevisibles tanto para los civiles palestinos como para el equilibrio de poder interno.

Además, se suma a las críticas por la gestión y distribución de la ayuda humanitaria, en un contexto donde las mafias armadas —algunas ahora con apoyo israelí— también intervienen activamente en el reparto y control de recursos básicos.

El reconocimiento oficial: “activar clanes” contra Hamás

En declaraciones difundidas por vídeo, Netanyahu afirmó que Israel ha “activado” a algunos clanes locales palestinos en Gaza para luchar contra Hamás. Según el mandatario, esta estrategia sigue recomendaciones de los principales responsables de seguridad israelíes y tiene como objetivo salvar vidas de soldados propios. La afirmación llega después de que líderes opositores denunciaran públicamente que Israel estaba entregando armas a grupos no oficiales, entre ellos bandas criminales y familias con rivalidades históricas con Hamás.

Estas familias y clanes tradicionales han tenido históricamente cierto poder local en Gaza, especialmente en zonas rurales o urbanas periféricas donde la autoridad de Hamás siempre fue más débil. Sin embargo, nunca antes se había documentado una colaboración tan explícita y armada entre estos actores e Israel.

¿Quién lidera las mafias armadas apoyadas por Israel?

Uno de los grupos más mencionados es el llamado grupo Abu Shabab. Su líder, Yasser Abu Shabab, ha cobrado notoriedad no solo entre los gazatíes sino también en informes humanitarios y medios internacionales. Este grupo se presenta como fuerza local encargada de proteger convoyes con ayuda humanitaria, especialmente bajo el nuevo sistema de distribución respaldado por Israel en el sur del enclave. Sin embargo, tanto Hamás como organizaciones humanitarias han acusado a Abu Shabab y sus hombres de saquear camiones con alimentos y medicinas ante la pasividad —y a veces complicidad— del ejército israelí.

Pese a las múltiples solicitudes, ni el Gobierno ni las Fuerzas Armadas israelíes han querido responder sobre la relación exacta con Abu Shabab ni sobre el alcance del programa de entrega de armas. Este secretismo refuerza la percepción de una política deliberada pero no institucionalizada: se busca crear “contrapesos” a Hamás sin asumir oficialmente las consecuencias.

Un escenario fragmentado: mafias, clanes y poder local

La proliferación de milicias familiares y criminales armadas por Israel está reconfigurando el mapa del poder en Gaza. Ahora hay:

  • Clanes históricos con nuevas armas que disputan territorio e influencia a Hamás.
  • Mafias organizadas que controlan rutas clave para la ayuda humanitaria.
  • Bandas menores aliadas ocasionalmente con fuerzas externas o incluso rivales entre sí.

Esta fragmentación genera nuevos focos de violencia civil e incertidumbre sobre quién controla realmente cada zona. Los riesgos son evidentes: enfrentamientos entre facciones armadas locales, represalias indiscriminadas contra civiles percibidos como colaboradores y una mayor dificultad para cualquier autoridad (sea la ONU, ONG o incluso Hamás) para distribuir ayuda o mantener orden.

El problema del desvío sistemático de ayuda humanitaria

Otro asunto crítico es el destino final de la ayuda internacional. Diversos informes recientes indican que entre el 70% y 90% del total que entra en Gaza es interceptado o “secuestrado” por Hamás u otros grupos armados antes de llegar a los civiles. Esta situación se ve agravada ahora por la irrupción violenta de las mafias familiares armadas —muchas surgidas tras recibir apoyo israelí— que también reclaman su parte mediante extorsión o saqueo.

Las denuncias llegan desde organizaciones como Naciones Unidas, Oxfam o Save the Children, que alertan sobre una distribución cada vez más discriminatoria y caótica. Los testimonios recabados señalan:

  • Discriminación política: quienes no simpatizan con Hamás apenas reciben alimentos.
  • Saqueos sistemáticos: grupos armados interceptan camiones enteros.
  • Complicidad militar: convoyes supervisados por Israel suelen coincidir con el accionar impune de bandas aliadas.

Esto tiene un impacto directo sobre la población civil: según datos recientes, casi 800.000 personas están al borde mismo de la hambruna.

Riesgos y posibles escenarios futuros

La estrategia israelí pretende erosionar el monopolio armado de Hamás sin implicar una ocupación militar directa ni aumentar bajas propias. Pero esta política puede tener efectos contraproducentes:

  • Las nuevas milicias podrían volverse incontrolables o incluso girar contra intereses israelíes si consideran insuficiente su apoyo.
  • El caos generado favorece tanto a Hamás —que puede presentarse como víctima ante su pueblo— como al auge criminal local.
  • La fragmentación política interna dificulta cualquier proceso negociador serio para una paz sostenible.

Mientras tanto, organizaciones humanitarias denuncian que los civiles quedan atrapados entre bombardeos, hambre y extorsión múltiple.

Claves para entender este momento

  • Israel admite abiertamente armar a clanes palestinos opuestos a Hamás.
  • Los grupos principales beneficiarios tienen líderes conocidos por prácticas criminales previas.
  • El reparto real del poder se vuelve más difuso: ni Israel ni Hamás controlan ya toda la Franja.
  • La mayoría abrumadora de los gazatíes responsabiliza directamente a Israel —y no tanto a Hamás— por sus condiciones extremas.
  • El desvío masivo de ayuda agrava la crisis humanitaria y aumenta tensiones locales.

En suma, este sábado 7 de junio asistimos a un cambio profundo en la lógica del conflicto: Israel, al apostar por fragmentar aún más Gaza para debilitar a Hamás, ha abierto un escenario donde proliferan nuevos actores violentos difíciles de controlar. Mientras tanto, cientos de miles siguen luchando cada día solo por sobrevivir.

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