Tiene las cosas claras Donald Trump.
Y para Israel, bajo una inclemente presión internacional y remando contracorriente en los medios de internacionales por su draconiana política en Gaza y su persistencia en el bloqueo, es un balón de oxígeno.
çPorque a la hora de la verdad, Europa cuenta poco y la clave es EEUU.
Hoy, 26 de julio de 2025, el debate internacional sobre la guerra en Gaza ha dado un giro inesperado.
Trump, apenas semanas después de insinuar que un acuerdo de alto el fuego estaba cerca, ha instado públicamente a Israel a “terminar el trabajo” contra Hamas.
Estas declaraciones, realizadas en un contexto de negociaciones estancadas y creciente presión internacional, han reavivado la incertidumbre sobre el futuro inmediato del conflicto y han colocado en el centro del foco los planes de Benjamin Netanyahu para el enclave palestino.
El vaivén de Trump: del alto el fuego al ultimátum
Las palabras recientes del expresidente estadounidense han sorprendido tanto en Washington como en Jerusalén.
Hasta hace poco, Trump participaba activamente en los esfuerzos diplomáticos para lograr una tregua entre Israel y Hamas, respaldando propuestas de alto el fuego que incluían la liberación gradual de rehenes israelíes y la entrada masiva de ayuda humanitaria a Gaza.
Sin embargo, este viernes, Trump endureció su postura, afirmando que “Israel debe terminar el trabajo con Hamas” y acusando al grupo islamista de ser “el verdadero obstáculo para la paz”.
Esta nueva línea supone un claro respaldo a las posiciones más duras dentro del gobierno israelí y complica las ya frágiles negociaciones en Doha, donde las partes llevan semanas sin lograr avances sustanciales.
Mientras tanto, desde la administración Trump se acusa abiertamente a Hamas de falta de voluntad negociadora. Su enviado especial, Steve Witkoff, declaró que “Hamas no quiere un acuerdo” y que Estados Unidos e Israel están considerando “opciones alternativas” si las conversaciones fracasan.
Netanyahu y sus planes para Gaza: persistencia y ambigüedad
El giro de Trump coincide con una nueva fase en la estrategia israelí. Benjamin Netanyahu ha dejado claro que su prioridad sigue siendo la destrucción total de Hamas y la liberación de los rehenes, aunque ahora reconoce abiertamente que explora alternativas al proceso negociador tradicional.
En palabras del propio primer ministro: “Junto a nuestros aliados estadounidenses estamos considerando opciones alternativas para traer a los rehenes a casa, acabar con el gobierno terrorista de Hamas y asegurar una paz duradera”.
Esta ambigüedad estratégica se refleja también en sus planes para el futuro político-administrativo de Gaza:
- Netanyahu rechaza cualquier papel para la Autoridad Palestina en la gestión posbélica del enclave.
- Insiste en mantener bajo control militar israelí zonas clave como el corredor Filadelfia, que conecta Gaza con Egipto y es considerado vital para evitar el contrabando de armas.
- Algunos ministros israelíes han llegado incluso a sugerir la posibilidad de restablecer asentamientos judíos en Gaza, aunque esta opción genera rechazo internacional e incluso divisiones dentro del propio gobierno.
- La permanencia indefinida de tropas israelíes en ciertas áreas es vista como una medida provisional hasta encontrar una solución política estable.
Las posiciones maximalistas dificultan cualquier avance real hacia una solución sostenible. Por su parte, Hamas exige garantías de que un alto el fuego temporal llevará a un fin definitivo del conflicto y rechaza cualquier presencia israelí permanente en territorio gazatí.
El contexto internacional: presión por la tregua y crisis humanitaria
La comunidad internacional observa con preocupación este endurecimiento del discurso. Más de dos decenas de países occidentales y más de cien organizaciones humanitarias han exigido un cese inmediato del fuego ante el deterioro humanitario en Gaza. Las cifras son alarmantes:
- Más de dos millones de personas dependen ya casi por completo de la ayuda exterior.
- El hambre se agrava cada día por los bloqueos y los nuevos modelos restrictivos para la entrega de asistencia.
- Las muertes relacionadas con malnutrición aumentan semana tras semana.
El anuncio reciente del presidente francés Emmanuel Macron sobre el reconocimiento estatal palestino subraya la urgencia percibida por parte europea: “Lo urgente hoy es que termine la guerra y se salve a la población civil”, declaró Macron este jueves.
Negociaciones estancadas y escenarios posibles
Las negociaciones entre Israel y Hamas se encuentran ahora mismo congeladas tras la retirada temporal de las delegaciones israelí y estadounidense desde Qatar. Aunque fuentes palestinas confían en que las conversaciones puedan retomarse pronto, el clima es tenso. Los puntos clave siguen siendo:
- El calendario y las fases para liberar rehenes y prisioneros.
- La garantía (o no) de avanzar hacia un alto el fuego permanente.
- El despliegue o repliegue militar israelí tras una eventual tregua.
En medio del pulso diplomático se barajan varios escenarios:
- Un acuerdo parcial que permita intercambios humanitarios puntuales pero sin resolver el fondo político.
- Una ofensiva militar renovada sobre Gaza si fracasan completamente las negociaciones.
- El surgimiento paulatino —bajo presión internacional— de fórmulas mixtas para una administración transitoria con participación regional o internacional.
Claves para entender lo que viene
A fecha de hoy, todo indica que ni Israel ni Hamas están dispuestos a ceder lo suficiente como para alcanzar una paz duradera. Trump ha optado por dar aire a las tesis más duras dentro del gobierno israelí justo cuando crecía la esperanza —mínima— en torno a una salida pactada.
La situación sobre el terreno sigue siendo dramática para los civiles gazatíes, atrapados entre bombardeos, escasez extrema y falta absoluta de horizonte político claro. Los planes actuales de Netanyahu prometen seguridad pero generan desconfianza tanto dentro como fuera del país: Egipto rechaza cualquier ocupación permanente del corredor Filadelfia; Europa advierte sobre riesgos regionales; Estados Unidos parece oscilar entre diplomacia dura y realismo pragmático.
En definitiva, Gaza se mantiene como epicentro mundial del desencuentro geopolítico mientras aumentan las voces que piden —sin éxito— un cambio urgente en la estrategia general. La volatilidad política tanto en Tel Aviv como en Washington añade más incógnitas a una crisis cuyo final parece cada día más lejano.
