La diplomacia en la era de las redes sociales

Putin reacciona con indiferencia y sorna al despliegue de submarinos nucleares ordenado por Trump

La guerra verbal entre Trump y Medvédev reaviva tensiones atómicas, pero la reacción rusa es de escepticismo y sorna ante la última exhibición de músculo estadounidense

Putin reacciona con indiferencia y sorna al despliegue de submarinos nucleares ordenado por Trump
Vladimir Putin PD.

Es inevitable preguntarse hasta dónde puede escalar la diplomacia protagonizada por el ego y alimentada por el ruido digital. El reciente anuncio de Donald Trump de enviar dos submarinos nucleares ante las provocaciones del ex presidente ruso, Dmitri Medvédev, marca un nuevo episodio de ese teatro geopolítico donde la inmediata, la testosterona y la viralidad a menudo sustituyen a la reflexión y la mesura.

No es la primera vez que Trump utiliza amenazas armamentísticas para responder a desafíos verbales —ya lo hizo en 2017 con Corea del Norte—, pero ahora la puesta en escena ha sido aún más burda. Su enemigo en esta ocasión no ha sido Putin ni Xi Jinping, sino Medvédev, ese político que alguna vez fue considerado un reformista moderado y hoy, tras la invasión rusa de Ucrania, se ha transformado en un entusiasta altavoz del mensaje nuclear y antioccidental del Kremlin.

Medvédev lleva meses lanzando bravatas desde Telegram y X, pero sólo ahora, cuando en sus palabras resuena la sombra de la “Mano Muerta” —el sistema automático de represalia nuclear soviética—, Trump decide reaccionar con ese despliegue de submarinos tan fotogénico como ruidoso.

¿Peligra la paz mundial por un cruce de acusaciones en redes sociales? Afortunadamente, no parece el caso. La reacción en Moscú ha sido casi de indiferencia, cuando no directamente de burla. Los comentaristas militares definen a Trump como alguien “montando un berrinche” y tildan sus palabras sobre submarinos de “tonterías sin sentido”. Ni el Ministerio de Asuntos Exteriores ni el de Defensa han emitido comunicación oficial. Ni siquiera hay movimientos recíprocos de fuerzas nucleares rusas que sugieran una escalada real. Para los especialistas rusos citados en prensa, esto no pasa de ser un golpe de efecto para consumo mediático estadounidense.

Lo más interesante es que el propio Pentágono se niega a confirmar el movimiento de los submarinos, un silencio habitual cuando se trata de operaciones de disuasión, pero que aquí parece reforzar la idea de que, más que estrategia militar, lo que hay es un guiño al electorado y una demostración de “fuerza” para amedrentar —quizá— a otros actores internacionales, pero sobre todo para alimentar la narrativa del líder firme y decidido.

En el trasfondo, queda la posibilidad de que esta imprevisibilidad sea parte integral del estilo de negociación de Trump. Amenazas inverosímiles antes de entrar en una negociación, amagues espectaculares antes de abrir la puerta a una cumbre. No sería la primera vez que, tras un despliegue llamativo, siguiera una invitación al diálogo… o una vuelta de tuerca más. La pregunta es cuánto desgaste puede soportar la política internacional convertida en “reality show” y qué riesgos reales estamos dispuestos a aceptar como mero espectáculo mediático.

Hasta ahora, Medvédev sigue escribiendo diatribas grandilocuentes, Trump sigue sacando pecho en televisión, y Moscú observa, irónica y distante, este nuevo capítulo de la hipérbole nuclear digital. Ojalá la política real, la que se escribe lejos del foco y de los trending topic, siga prevaleciendo sobre el ruido.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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