Un fantasma recorre Europa.
Y se hace cada hora más grande.
La tarde del sábado estuvo marcada por enfrentamientos en La Haya, donde más de mil manifestantes ocuparon el centro de la ciudad para expresar su desacuerdo con la política migratoria del gobierno neerlandés.
Lo que inició como una protesta convocada a través de redes sociales se transformó rápidamente en disturbios: grupos encapuchados lanzaron piedras y botellas a los agentes de policía, incendiaron vehículos oficiales y atacaron la sede del partido izquierdista D66.
Las fuerzas del orden respondieron con cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud.
El resultado fue al menos 30 detenidos, dos agentes heridos y seis periodistas agredidos, según informaron las autoridades metropolitanas.
A día de hoy, 21 de septiembre de 2025, el debate sobre inmigración ilegal y seguridad ciudadana se ha convertido en un tema central dentro de la política neerlandesa. El propio alcalde de la ciudad, Jan van Zanen, justificó la dispersión de la marcha al señalar que “no se pudo garantizar la seguridad de los asistentes”.
Este incidente ha sido condenado por todo el espectro político, incluyendo al líder ultraderechista Geert Wilders, justo a pocas semanas de unas elecciones generales donde este asunto es uno de los puntos clave.
Un fenómeno europeo: protestas y sentimiento de repulsa
Las imágenes vividas en Países Bajos no son un caso aislado. En los últimos meses, la oleada de protestas contra la inmigración ilegal se ha propagado por gran parte de Europa:
- En Polonia, manifestaciones organizadas por grupos extremistas han solicitado el cierre total de fronteras y la expulsión masiva de migrantes irregulares. Los líderes de la Confederación han llegado a exigir medidas extremas, como permitir a los soldados disparar contra quienes crucen ilegalmente la frontera.
- En Reino Unido, aunque con menor participación, la ultraderecha ha convocado a cientos de personas en ciudades como Liverpool, alentadas por figuras como Nigel Farage, quienes prometen deportaciones masivas y acusan a los inmigrantes de poner en riesgo la seguridad nacional.
- Las contramanifestaciones también están en aumento: en Polonia, grupos humanitarios y ciudadanos han salido a las calles para defender el derecho al asilo y promover una convivencia pacífica.
Este ambiente social pone de manifiesto un sentimiento creciente contra la inmigración ilegal, impulsado tanto por inseguridades reales como por percepciones amenazantes y discursos políticos. El temor a perder identidad cultural, el impacto sobre los servicios públicos y la competencia por empleos contribuyen al debate sobre el vínculo entre inmigración y delincuencia.
¿Existe relación entre inmigración ilegal y delito?
Existe una relación estrecha entre la inmigración ilegal y el aumento de la delincuencia en España, tal como lo demuestran las estadísticas recientes que vinculan el flujo masivo de llegadas irregulares con un incremento desproporcionado en delitos graves.
En concreto, las violaciones han experimentado un aumento del 7% en 2025, alcanzando 10.562 delitos contra la libertad sexual hasta junio, coincidiendo con una avalancha histórica de más de 20.000 inmigrantes ilegales en los primeros meses del año,.
En Cataluña se han triplicado las denuncias por violaciones en cinco años, pasando de 419 en 2019 a 1.280 en 2024, con un 91,67% de encarcelados por estos delitos siendo inmigrantes.
Asimismo, los delitos violentos como homicidios y lesiones graves han crecido un 13,4% y 62,8% respectivamente desde 2017, pese a la bajada general de infracciones menores, mientras que los extranjeros representan el 32,6% de la población carcelaria en 2024 (17.693 reclusos de un total de 59.226), una cifra desproporcionada al 13% que suponen en la población total, confirmando que delinquen 2,5 veces más que los españoles según tasas ajustadas por demografía.
Perspectivas políticas y sociales: ¿hacia un cambio de ciclo?
La polarización acerca del tema migratorio amenaza con alterar el mapa político europeo. En Países Bajos, el ascenso del Partido por la Libertad (PVV) liderado por Wilders así como el crecimiento de figuras como Els Rechts –la nueva líder nacionalista– muestran un giro hacia posturas más radicales. La presión social junto al temor a perder votos empujan incluso a partidos tradicionales a endurecer sus propuestas relacionadas con migración.
En otros países, el crecimiento de partidos extremistas y populistas se basa en promesas para restablecer el control fronterizo y priorizar cuestiones relacionadas con seguridad nacional, tal como ocurre en Polonia, Hungría o Reino Unido. Esta tendencia se intensifica aún más en medio del contexto actual marcado por crisis económicas, competencia por recursos limitados y desconfianza hacia las instituciones europeas.
Mientras tanto, los gobiernos enfrentan el dilema entre atender las demandas sociales, proteger los derechos humanos e intentar gestionar flujos migratorios complicados. Las soluciones rápidas como deportaciones masivas o cierres fronterizos chocan con realidades jurídicas complejas así como compromisos internacionales; además deben considerar cómo la estructura demográfica europea depende parcialmente de la inmigración para sostener su mercado laboral.
Un equilibrio precario y una Europa en tensión
Lo ocurrido en La Haya es solo uno más entre muchos síntomas visibles de una Europa convulsa. La gestión dela inmigración ilegal se ha transformado en un campo minado político, social e informativo donde cuestiones sobre seguridad e integración compiten frente al miedo y rechazo generalizado. A medida que proliferan las protestas y crece este sentimiento negativo hacia los migrantes, la UE enfrenta el desafío crucial de prevenir que esta polarización socave sus valores democráticos e intensifique fracturas internas.
El desenlace dependerá tanto del acierto gubernamental para brindar respuestas efectivas como también del compromiso social para mantener abiertas líneas dialécticas enfocadas hacia una coexistencia armónica. El futuro europeo está más ligado que nunca a lo que ocurra en sus calles así como a cómo se gestione su diversidad.
