No se cortan un pelo.
Y suelen tener los agentes de Mohamed VI la mano larga y el gatillo fácil.
Pocas bromas con las fuerzas del órden.
La noche del miércoles 2 de octubre e 2025 se volvió a teñir de violencia y sangre en Marruecos.
Después de cinco días de protestas impulsadas por la Generación Z, la intervención de la Gendarmería dejó un trágico saldo de tres muertos al intentar reprimir un asalto en Leqliaa, localidad situada a 500 kilómetros al sur de Rabat.
El país se enfrenta a una de sus crisis sociales más graves en los últimos diez años, con la juventud como protagonista y una respuesta estatal que no hace más que aumentar la tensión.
Las manifestaciones, que surgieron como respuesta a la indignación por la precariedad en los servicios públicos y el crecimiento de la corrupción, han desembocado en enfrentamientos directos entre los participantes y las fuerzas del orden.
La acción de la Gendarmería, que abrió fuego cuando un grupo intentó asaltar una comisaría, pone de manifiesto el clima hostil y la falta de canales efectivos para el diálogo.
El balance no solo incluye a los fallecidos; decenas resultaron heridos y más de 400 personas fueron detenidas, lo que evidencia la magnitud del desafío.
De las redes sociales a las calles: la Generación Z toma las riendas
Lo que comenzó como un movimiento virtual ha cruzado a pie firme el umbral digital. Bajo el nombre “GenZ 212”, miles de jóvenes han salido a las calles en ciudades grandes y pequeñas para exigir reformas profundas en sanidad, educación y empleo. Este movimiento se organiza sin líderes claros ni vínculos con partidos políticos, utilizando plataformas como Discord, Telegram y TikTok para difundir mensajes, convocar protestas y evadir la censura oficial.
Entre las reivindicaciones más frecuentes destacan:
- Mejora de los servicios públicos, con especial atención a hospitales y centros educativos.
- Creación de empleo digno y acceso a oportunidades para los jóvenes.
- Lucha efectiva contra la corrupción institucionalizada.
- Libertad de expresión y derecho a manifestarse.
El detonante inmediato fue el fallecimiento de ocho embarazadas en un hospital público en Agadir, un símbolo del deterioro del sistema sanitario. Sin embargo, el trasfondo es más amplio: hay una frustración palpable por la falta de perspectivas futuras, así como por una creciente desigualdad y una sensación generalizada de que las grandes inversiones en eventos deportivos —como el Mundial de Fútbol 2030 o la Copa Africana del próximo año— no benefician a la mayoría.
Fútbol, Mundial y descontento: el origen del estallido
El fútbol fue solo la chispa; el combustible llevaba tiempo acumulándose. Anunciar inversiones millonarias para infraestructuras deportivas mientras hospitales y escuelas se desmoronan ha generado indignación entre una generación que representa casi la mitad de la población marroquí. En las protestas, los eslóganes cuestionan abiertamente cómo se utilizan los fondos públicos: “¿Dónde está el dinero del terremoto? Se fue a festivales y estadios”, gritan los manifestantes.
La decepción va más allá del ámbito deportivo. Muchos jóvenes ven cómo sus expectativas se reducen cada año en un país donde el desempleo juvenil supera el 30% y emigrar se percibe como su única salida viable. La falta de respuesta institucional ha llevado a esta “Generación Z” a autodenominarse como voz de una sociedad hastiada, dispuesta a desafiar tanto al miedo como a la represión.
Estrategias digitales y represión: un pulso en tiempo real
Las redes sociales tienen un papel fundamental en esta movilización. Plataformas como Discord permiten coordinar acciones y compartir vídeos; mientras que Facebook y Twitter, pese a enfrentar censura y cierres constantes, siguen siendo herramientas clave para difundir convocatorias y denunciar abusos policiales. Esta tecnología ha permitido que el movimiento escape al control tradicional mediático e impida los intentos por silenciarlo.
Las autoridades han respondido con detenciones masivas y restricciones al derecho a reunión. Sin embargo, esta represión parece fortalecer aún más la determinación juvenil. Los jóvenes sostienen que sus protestas son pacíficas e insisten en anunciar nuevas convocatorias para los próximos días.
- Más de 400 detenidos en solo cinco días.
- Al menos 23 manifestantes heridos junto a 263 agentes policiales lesionados.
- Incidentes graves se han registrado en localidades como Sidi Bidi y Leqliaa, donde hubo quema de edificios municipales y bloqueos viales.
¿Un nuevo ciclo de protestas sociales en Marruecos?
El movimiento liderado por la Generación Z no surge alejado del contexto histórico. Marruecos ha experimentado episodios recientes significativos de protesta social desde el 20F (20 febrero) hasta las movilizaciones en el Rif. No obstante, lo que distingue esta ola actual es su escala masiva y protagonismo juvenil. La ausencia evidente de líderes visibles junto con su organización horizontal dificulta tanto su represión como cualquier intento por parte de partidos o sindicatos por cooptarlo.
Analistas internacionales apuntan similitudes con otros movimientos juveniles alrededor del mundo pero advierten sobre las particularidades marroquíes: una sociedad joven e hiperconectada que muestra menos temor ante represalias que generaciones pasadas. Por ahora, el gobierno opta por medidas represivas; sin embargo, lo que está claro es que si no se atienden estas demandas crecientes es probable que continúe e incluso aumente el conflicto social con consecuencias inciertas para la estabilidad del país.
En este escenario complejo, la “Generación Z” marroquí se perfila como un actor fundamental tanto en el presente como en el futuro político nacional. Su capacidad para movilizarse, su creatividad digital y su resiliencia ante la represión apuntan hacia un cambio profundo en las relaciones entre sociedad y Estado. Ya no se trata solo de si habrá más protestas; sino hasta dónde llegará esa determinación juvenil dispuesta a desafiar al sistema exigiendo un Marruecos más justo y digno.
