El pulso diplomático entre Rusia y Ucrania vuelve a subir de tono. Vladímir Putin insiste en que su mano sigue tendida al diálogo, pero lanza duras críticas a los dirigentes europeos, a quienes acusa de “miopía política” por negarse a restablecer los canales de comunicación con el Kremlin.
“El presidente Putin nunca ha cerrado la puerta”, aseguró este viernes su portavoz, Dmitri Peskov, al recordar que la invitación al mandatario ucraniano Volodímir Zelenski para reunirse en Moscú “sigue sobre la mesa”. Sin embargo, añadió con desdén que “la negativa de Zelenski no sorprende a nadie”, ya que el líder ucraniano solo acepta tratar con Rusia en un país neutral.
Peskov fue más allá al señalar que ni el canciller alemán, Friedrich Merz, ni el presidente francés, Emmanuel Macron, “han movido un dedo por contactar con el Kremlin”. “Solo hace falta levantar el teléfono”, ironizó, lanzando un dardo directo a las principales potencias de la Unión Europea.
Desde Moscú, el mensaje fue claro: el Kremlin se presenta como el único actor dispuesto a sentarse a hablar “incluso en medio de las diferencias más graves”. Peskov advirtió además que en Europa “se han formado dos bandos”: unos que “reconocen la necesidad de hablar con Rusia” y otros que “prefieren romper todos los lazos por simple ceguera política”.
Mientras tanto, la próxima ronda de negociaciones de paz sigue envuelta en silencio. El Kremlin no confirmó una fecha, pero aseguró que “hay un entendimiento” y que el encuentro “se celebrará pronto”. La última cita, en Abu Dabi el 5 de febrero, abrió una pequeña rendija de esperanza: un intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania y el restablecimiento del diálogo militar entre Moscú y Washington, suspendido desde 2021.
Putin, por ahora, sigue jugando a unir el discurso de la firmeza con el del diálogo. Su desafío está lanzado: reconstruir canales o asumir una fractura política que parece ya irreversible.

