El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CC)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CC)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Como advierto que al primer parágrafo de tu apostilla no le puedo poner una sola objeción (tengo para mí que no le sobra ni le falta nada), (ur)diré únicamente la voz que sigue tras la coma, amén. El doble retrato que haces del poeta se ajusta a la realidad. Aciertas de lleno en su prosopografía y/o no marras un ápice o pizca en su etopeya.

Queriendo o sin querer, con tu reflexión del segundo párrafo, sobre los sueños, has venido a recordarnos a quienes hemos leído tu escolio (bueno, bueno, sin generalizar, que suele conducir a error; dejémoslo en a mí, al menos) una frase feliz de sir Francis Bacon: “La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”.

Al parecer, la causa de los padecimientos actuales de mi madre (acaba de llamarme mi hermano Miguel Ángel, “el Chato”, para informarme al respecto) es una infección de orina. Te (brin)daré más datos y con más detalle cuando disponga de ellos.

Ha sido un inconcuso placer (el mismo y susodicho pensamiento/sentimiento suele brotarme —don Miguel de Unamuno y Jugo inició el poema que tituló “Credo poético” de esta guisa: “piensa el sentimiento, siente el pensamiento”; bueno, pues, ocho versos después, en la misma composición, vino a ratificar dicho arranque con este otro: “lo pensado es, no lo dudes, lo sentido”— cada vez que ocurre el hecho) volver a cruzar contigo unas cuantas ideas (palabras) mediante el canal o la vía que inventó Bell.

Espero (porque así lo deseo) que el paseo con tu doña haya sido dulce y/o provechoso.

Lamento las muertes, porque nos menguan, y celebro que la parca tenga que retrasar su tarea de cortar el hilo de la vida a los rescatados de las llamas. Al parecer, los dos heridos evolucionan bien. ¿Héroes? Tú no los ves así (está bien que tengas tu opinión al respecto y la razones), pero, si así los encuentran los demás, ¿por qué no avenirse a ello? Hace muchos años ideé la siguiente definición del vocablo (cuya autoría adjudiqué a uno de mis heterónimos, Emilio González, “Metomentodo”: “Tengo para mí que el vocablo ‘héroe’ sólo lo merece y prestigia quien está dispuesto a donar su sangre (y hasta su propia vida) anónimamente, quiero decir, quien, antes de llevar a cabo dicha proeza, se cerciora de que nadie predicará su nombre ni aireará su hazaña”. Cuando la escribí, estaba seguro de que no le sobraba ni le faltaba a la misma nada. Bueno, pues hoy acepto que puede ser mejorada por otra/o. Ya sabes, soy un seguidor de Karl Popper: la verdad es provisional; dura mientras no es refutada.

En este (bendito, maldito e/o insulso) país cabe hallar de todo, como en una botica: bueno, malo y regular (o, si lo prefieres, ardiente, frío o tibio).

Hay que localizar (echar el guante y juzgar) a todos los que convierten la niñez (el cielo en la Tierra) en un infierno.

Lo del niño de la maleta lo juzgará el encargado de hacerlo por el Estado de derecho.

Los Castro (tanto el original o titular como el sucedáneo o suplente), haciendo caso a su primer apellido, conjugaron muy bien, metafóricamente, en la primera persona del singular del presente de indicativo el verbo castrar.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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