TRAS MI ¡CHITÓN!, QUIEN LARGUE O SE LARGA O ME LO CARGO
(AQUÍ ÚNICAMENTE SE CONSIENTE EL PENSAMIENTO ÚNICO)
“Para que crezca el amor no solo hay que regarlo, sino extirpar la malas hierbas”.
Pablo Echenique, secretario de Organización de Podemos.
Las palabras susodichas me han sonado a las que otrora pronunció Alfonso Guerra, a la sazón, vicesecretario del PSOE y vicepresidente de un Gobierno presidido por Felipe González: “El que se mueve no sale en la foto”. Y/o a las que encabezan el himno del Frente de Juventudes (letra de Villanueva y música de Cabañas): “Prietas las filas, / recias, marciales, / nuestras escuadras van” o aquí quien largue o se larga o me lo cepillo.
A mí, al menos, me gustaría saber con la debida antelación, quién, qué juez, decidirá quiénes son las malas hierbas que hay que extirpar, como si fueran un cáncer, de la morada formación asamblearia. ¿El mismo que ha lanzado la amenaza? Espero que sean muchos (ellas y ellos), legión, los que sigan la recomendación de don Francisco y le respondan, si es preciso y hasta en su misma cara, con los tres versos endecasílabos quevedescos que arrancan su “Epístola Satírica y Censoria contra las costumbres presentes de los castellanos”, escrita en tercetos encadenados: “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”.
Y luego van algunos, atónitos, tras darse un tortazo morrocotudo, y se preguntan qué ha pasado. Ha pasado, aunque me llamen pesado, que por sus obras y comportamientos reprensibles los conoceréis. O, por decirlo como lo dejó escrito el político, filósofo y poeta cubano José Martí: “Hacer es la mejor manera de decir”.
Actualmente, los españoles (ellas y ellos) vivimos en medio de un secarral intelectual, ayuno de ética y de estética, en el que la necesidad de triunfar en la actividad que cada uno tenga, de tener éxito cuanto antes y a toda costa es el único interruptor que nos pone en marcha o funcionamiento, que no miento, el exclusivo motor que nos mueve a llevar a cabo nuestras labores o tareas, las que sean, a coronar los retos y/o a alcanzar las cimas o metas; la sola lección que, disfrazándose de bacteria o virus pernicioso, contamina o contagia a los otros en un pispás y que, semejando una lluvia fina y pertinaz, gota a gota, cae sin cesar sobre nosotros, a modo de sirimiri o calabobos, mojándonos hasta los mismos huesos; y en la que la pésima corrupción, los peores modos y los malos tratos campan a sus anchas por doquier. Como se puede leer en “Los Miserables”, de Victor Hugo, “el éxito es una cosa bastante fea; su falso parecido con el mérito engaña a los hombres”.
Hay quien, pensando quizá que había hallado la piedra filosofal, quiero decir, la manera de acabar con los cardenales y/o acallar los interminables dimes y diretes dentro del partido morado, en el que él, por cierto, funge de secretario de Organización, formación que aspiraba a mejorar y hasta a sobrepasar al PSOE en los recientes comicios del 26 de junio, pero que se ha quedado como estaba o lo ha dejado aún peor, con un palmo de narices, dependiendo del punto de vista, perspectiva o referencia que cada observador adopte, tenga en consideración o tome en cuenta; en la que bullen los numerosos pareceres sobre las razones posibles o probables, concretas y correctas que expliquen bien, a las claras, por qué ha acaecido lo que ha acontecido y ha dejado al grueso de los afiliados (ellas y ellos) las caras de entontecidos; las opiniones a favor y/o en contra de que sigan ciertos pactos o confluencias, ha dado rienda suelta o soltado su mui o ha urdido una nota que es fea de solemnidad, sobre todo, porque el objetivo o la diana que buscaba, su fin primordial, era amordazar, imponer su ¡chitón!, mandar silenciar a los demás. Las palabras de las que ha echado mano son como esos hogares en los que la llama prende la yesca en un santiamén y consume las ramas y los troncos menudos en otro y, por tanto, necesita de continuo más y más leña, porque no hay combustible que arda mejor en el infierno que los otros.
Acaso no le vendría mal a Pablo Echenique leer o releer a Victor Hugo (o, en su defecto, al menos, recordar lo que sigue y dejó escrito en letras de molde el célebre autor francés): “Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores”.
Ángel Sáez García
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