ME ENCANTA QUE DES GRACIAS; NO TE MIENTO
Dilecta Pilar:
No me tienes que agradecer nada (pero me peta que lo hagas; esta tesis hodierna es la misma, parecida o similar a la que he sostenido otrora en otros correos, seguro). Me encanta que des gracias; no te miento. Procuro que todo lo que salga de mis manos o de mi boca lo corone o culmine servidor con sumo gusto.
Ya sabes qué se lee en el Eclesiastés, “nihil novum sub sole”, nada nuevo bajo el sol. Y qué teoría defendió Nietzsche, la del eterno retorno. Aunque quepa advertir circunstancias concretas especiales, el grueso de las susodichas guarda o tiene semejanzas razonables con otras pretéritas.
Pues ya intuyes qué te voy a encargar (con demora), que felicites a tu sobrino de mi parte por su mayoridad. Como el voto es personal, y él no es sandio, ya sabrá qué ideario de partido y qué líderes merecen la pena y cuál/es no. Aunque nunca sobre escuchar la opinión de los padres sobre mil y un asuntos (de diverso jaez).
No pude leer el viernes tu columna “Chuletas”, porque no había ejemplar en “El Cole”, pero sí la acabo de leer hace un rato en tu bitácora, La lámpara encendida. ¡Chapó! En ella has estado divertida (juzgo lógico que tu comentario, al ser hilarante, moviera a risa a los asistentes). El tema del plagio es espinoso. Todos somos unos plagiarios (la mayoría de las veces, inconscientes, involuntarios). Todos hemos leído alguna vez el aforismo orsiano que aparece escrito en versales en la fachada norte del Casón del Buen Retiro matritense: “Todo lo que no es tradición es plagio”. Pero los escritores (ellas y ellos) debemos tener mucho cuidado, porque las leyes de propiedad intelectual están ahí para ampararnos a todos los que somos o nos consideramos tales y todos hemos de ser exquisitos y justos con lo que otros idearon y/o pergeñaron.
Leí otrora en Internet las indagaciones que había hecho Javier Chicote al respecto y también abundé o coincidí con sus tesis sobre la ídem del presidente.
He leído lo que está escrito (y debes corregir, según mi criterio): “A nadie se nos poner en el curriculum académico”. Sobra la erre en “poner” (acaso lo precedía la forma verbal “debe” u “ocurre”, que tú u otra persona eliminó para cuadrar el número de palabras del texto) y falta la tilde en “currículum”.
Esta semana vendré por las tardes a la biblioteca, porque estarán mis ángeles custodios, Pilar y María Ángeles.
Otro (de tu amigo Otramotro).
Ángel Sáez García