El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Son once las cabezas, Millás, once

SON ONCE LAS CABEZAS, MILLÁS, ONCE

Para unos, el error, cual espetón, atraviesa la historia de la humanidad, desde la noche de los tiempos hasta nuestro presente actual; para otros, ejerce o funge de columna vertebral o raquis. Lo más curioso del susodicho asunto es que siempre, o sea, en todo caso o momento, porque para esta regla aún no se ha hallado (ni se hallará, me atrevo a pronosticar) una sola excepción, el yerro, antes o después, más o menos, acompaña a todo ser humano, desde el catalogado por el grueso como genio hasta el considerado por la inmensa mayoría como botarate.

Y como, según el dicho castellano, para muestra basta con enseñar o exhibir un solo botón, a continuación pondré un ejemplo clarificador.

Quien lea regularmente periódicos, revistas y libros de todo jaez, se habrá dado de bruces, encontrado y llevado a los ojos textos firmados por muchos autores. Servidor, verbigracia, ha escrito en más de un sitio que la de Juan José Millás es una de las diez y hasta de las cinco mejores péñolas del país. Bueno, pues eso no quiere decir que, a pesar de su genialidad literaria, fuera de toda duda, como ser humano que es, esté exento de meter alguna vez (menos que cualquier hijo de vecino, sí, seguramente) la pata, esto es, de equivocarse, pues como vinieron a reconocer y sentenciar varios autores latinos, “errare humanum est (sed perseverare diabolicum)”, “errar es humano (pero insistir —en errar, se sobreentiende—) diabólico”.

Si el lector (ella o él) leyó este pretérito domingo en la página 21 de EL PAÍS SEMANAL, bajo el rótulo de DOCUMENTOS y el marbete de LA IMAGEN, el texto titulado “El narcisismo es seductor”, que lleva la firma del excelente literato citado, e hizo caso al autor y se limitó “a observar sólo (son muchos los hacedores de prestigio que, por hábito, siguen tildando “solo” cuando equivale al adverbio “únicamente”, pero, teniendo en cuenta qué decía la RAE en su “Ortografía de la lengua española”, 2010, donde proponía y recomendaba la eliminación de la tilde diacrítica en el adverbio “solo” y los pronombres demostrativos, incluso en casos de posible ambigüedad, desde entonces, “solo” no debe portar dicho acento ortográfico) las cabezas”, como eso mismo llevó a cabo este menda. “Y son muchas cabezas: nada menos que 10, 4 de hombres y 6 de mujeres”. Bueno, pues, lamento tener que contradecirle y disentir abiertamente de Millás, porque me he ocupado de contar las testas y me salen 11, 7 de mujeres y 4 de hombres.

Y es que, como dice la frase proverbial en castellano, disculpando la falta en la que incurrió quien es hábil, “el mejor escribano echa un borrón”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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