ANTE QUIEN SERÁ MI ESTRO Y ES MI ROSA
“—Sois bellas, pero estáis vacías —les dijo todavía—. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa”.
Antoine de Saint-Exupéry, “El principito”.
¿Qué debo hacer para obtener la gracia
De que mis labios puedan desplazarse
Por tu piel y mi lengua demorarse
En tu herida de guerra, una desgracia?
Mi atenta y fiel mirada no se sacia
Por mirarte, admirarte y extasiarse
Guipando a la que gusta desnudarse
Cuando intuye quién se halla tras la acacia.
Cuando a la biblioteca acudes, hago
Como que no te he visto, mas por dentro
(No me engaño a mí mismo) eres el centro.
Yo no puedo fingir que soy un vago,
Porque nunca he fungido de tal cosa
Ante quien será mi estro y es mi rosa.
Ángel Sáez García