A PASOS LARGOS, CUAL AQUILES, VAMOS,
LECTOR, DERECHOS A UNA DICTADURA
El pasado 4 de febrero de 2024, en EL PERIÓDICO GLOBAL, EL PAÍS, Íñigo Domínguez publicó su columna dominical titulada “Hay días para sentirse orgulloso de ser español”, en el que hablaba del boxeador turolense Segundo Espallargas Castro, “Paulino” (en homenaje y como recuerdo del boxeador guipuzcoano Paulino Uzcudun Eizmendi), que sobrevivió a las penosas condiciones que había en uno de los variopintos infiernos en el planeta azul, la Tierra, que fue, en concreto, el campo de concentración de Mauthausen (Austria). Abundo con él en estas líneas que el citado periodista dejó escritas en dicha columna: “Somos una auténtica anomalía en Europa en la relación con nuestro pasado. Un extranjero siempre flipa de que vivamos con esa carga de secretos, leyendas urbanas, cosas no dichas, no sabidas, no reconocidas, y aniversarios no celebrados. En fin, tanta ignorancia. Vivimos en la desmemoria, y se nota, sobre todo en el burdo manejo del pasado. Si tuviéramos todos claras cuatro cosas básicas, una memoria de hechos indiscutibles que todos lamentamos, viviríamos mejor. Se dirían menos tonterías, eso seguro, como que esto ahora es una dictadura”. Antes había afirmado que “en Hollywood ya habrían hecho una película (contando la historia de Segundo Espallargas)”, y luego, concentrada, la tesis que cabe catar ampliada en las líneas citadas: “del pasado no queremos saber, es algo muy nuestro”.
Bueno, pues, a mí me nace preguntar, ahora que todo quisque habla de lo que ocurrió en Cataluña, durante el largo y desastroso procès, ¿por qué ninguna cadena de televisión ha repuesto aún el programa que elaboraron otrora o emiten uno nuevo, para que la olvidadiza ciudadanía española vuelva a contemplar los hechos grabados (todos no, no son necesarios, pero el grueso de los tales sí) y valore, por sí misma, si los hechos fueron o pueden catalogarse como terrorismo, o no? Así, los ciudadanos podrán incluirse, o no, en ese generalizado “todo el mundo” (una hipérbole, a todas luces; ¿bastará con este reciente botón de muestra, que, de los 15 componentes o miembros que forman la junta de fiscales de lo Penal del Tribunal Supremo, 11 vieron ayer indicios de delito para procesar a Carles Puigdemont de terrorismo, en el “caso Tsunami”, y 4 no?), expresión que usó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para abogar, erre que erre, sin freno ni óbice, por la extraordinaria medida de amnistía a cuantos, tras un juicio justo, delinquieron, según decisión que adoptaron los tribunales de justicia, y fueron sentenciados a penas (de cárcel, sí, algunos), o están incursos en procesos judiciales aún sin resolver.
Vistos los numerosos desajustes, en puridad, incoherentes comportamientos del presidente del Gobierno y colaboradores, diciendo y desdiciéndose a tutiplén, constatados sus inquietantes cambios de criterio y, por ende, las muchas costuras advertidas en sus respectivos trajes intelectuales, ¿alguien puede poner en tela de juicio, que, en el asunto que nos ocupa, el de la injusta ley de amnistía, un error y un horror morrocotudos, como sus frutos y obras muestran, a las claras, el Ejecutivo español actúa por puro interés? ¿A alguien le cabe alguna duda razonable de que aquí “el fin (gobernar, ostentar el poder, sea como sea, a toda costa o a cualquier coste) justifica echar mano de todos los medios (que haga falta y haya al alcance) para lograrlo”? A mí, al menos, no.
Y, como sigue sin haber en el convento maestro que aventaje en saber teórico y práctico a fray Ejemplo, pondré uno clarificador, para que se entienda.
Si la coherencia es el ajuste completo, entero, total, entre lo que se piensa, lo que se dice que se ha pensado y lo que se hace, en algunos asuntos o temas el máximo mandatario del PSOE, Pedro Sánchez, es un desastre como coherente o un incoherente empedernido. Leamos, entre otras medidas, la que para las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019, el PSOE llevó en su programa electoral: la reversión de la reforma por considerar que abría una puerta a la “impunidad” en casos de corrupción: “Eliminar el artículo 324 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal introducido por el gobierno del PP en 2015, para evitar que el establecimiento de plazos de caducidad de los procedimientos se convierta en una ventana para la impunidad de aquellos que están encausados por delitos graves como el narcotráfico, el terrorismo o la corrupción”. Bueno, pues, como los españoles ya estamos acostumbrados a los cambios de opinión de Sánchez, el lunes pasado, en la entrevista que le hizo Antonio García Ferreras en el programa “Al Rojo Vivo” (ARV), de “la Sexta”, el presidente volvió a desdecirse. Ahora los jueces no deben disponer de tanto tiempo para investigar a los socios independentistas del Gobierno. Esta es la oferta que Sánchez hizo a Junts, a cambio de que los siete diputados que hacen cuanto ordena Puigdemont desde Bruselas que se haga, voten sí a la ley de amnistía.
Vuelvo a las palabras de Íñigo Domínguez: “Si tuviéramos todos claras cuatro cosas básicas, una memoria de hechos indiscutibles que todos lamentamos, viviríamos mejor. Se dirían menos tonterías, eso seguro, como que esto ahora es una dictadura”. Coincido con Domínguez, se dirían menos y se oirían y se leerían, está claro, cristalino, menos salidas de pie de banco; y, ciertamente, ahora no estamos aún en una dictadura, pero, por el mal camino que vamos, sospecho que nos dirigimos, a pasos largos, como los que daba, según Homero, Aquiles, y sin remedio, hacia la misma. Uno tiene la obligación intelectual de decirlo y escribirlo, y dicho y escrito, negro sobre blanco, queda para quien lo quiera leer.
Ángel Sáez García