LO SEPULTÓ CON OJOS COMPUNGIDOS
En un relato clásico se narra
Que una madre acudió con su hijo muerto
Adonde estaba Buda, sí, en su huerto,
Contemplando un rosal, tras una parra,
Para un milagro. Buda dijo: “Marra
Quien cree que yo arreglo lo del tuerto,
O dueño soy de un barco en cada puerto,
O le remplazo a un tigre manco garra.
“Ve a la aldea y un grano de mostaza
Dentro de una de loza trae taza
De la casa en la cual no haya finado
Sus días quien querido fuera o amado
Por cuantas/os al detalle conocieron
Y, además de llorar, con él sonrieron”.
Como no encontró hogar sin fallecidos,
Lo enterró con sus ojos compungidos.
Ángel Sáez García